El tiempo dirá

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Patricia Lanza
viernes, 27 de febrero de 2015

Seguro que en más de una ocasión habéis oído o, incluso, os habéis hecho la famosa pregunta: "Si pudieras tener un superpoder, ¿cuál elegirías?". Ser invisible, leer la mente, teletransportarte, telequinesis... Como un niño en una tienda de chucherías, se ofrecen tantas alternativas deseables que parece imposible elegir sólo una. 

A pesar de la dificultad, yo creo tenerlo claro. Yo elegiría un reloj que te permita controlar el tiempo. Poder volver atrás cuando has metido la pata y recomponer lo que has roto o, mejor aún, evitar que se rompa. Callar esa palabra que nunca debería haber salido de tu boca. Tomar otro camino para evitar un atasco o un tropiezo... Todas esas cosas que ya no tienen solución, que podrían hacerse de otro modo y directamente evitar sus consecuencias tan poco deseables.

Y del mismo modo, qué sencillo sería todo si pudiéramos adelantarnos en el tiempo y ver si la decisión que vamos a tomar es la más adecuada. ¿Qué pasaría si...? ¿Y si...? Todas las respuestas en nuestra mano. Acierto asegurado. Nada que temer. Adelantando o retrocediendo el tiempo, siempre podríamos estar seguros de que las cosas van como queremos. Y si no es así, tenemos en nuestro poder la posibilidad de cambiarlo.

Evidentemente, esto es una utopía. Y mientras no dispongamos de superpoderes, nos tenemos que contentar con lo que hay. Así que, inevitablemente meteremos la pata y habrá cosas que siempre querremos cambiar, que haríamos de otro modo si pudiéramos repetir. 

Y respecto a nuestro futuro, seguirá siendo un misterio. Seguiremos viviendo con la incertidumbre de si estamos tomando la decisión correcta. Tampoco sabremos si lo que nos acaba de ocurrir es para bien o para mal. No podemos saber qué nos deparará el destino.

Así que, ante la obligada falta de control, intentemos centrarnos en lo que sí podemos controlar. Al menos, intentemos ver de una forma más objetiva futuro. Quizás, ni esa mala noticia es tan mala al final, ni la buena es lo mejor que nos podía pasar. Intentemos aceptar lo que viene y responder ante ello de la forma en la que creemos que mejor partido podemos sacarle. Y luego, "el tiempo dirá", como en esta historia. 

 


Había una vez un campesino sabio y su hijo que tenían un caballo. Un buen día el animal se les escapó y los vecinos del pueblo les fueron a consolar por su mala suerte, pero el campesino les dijo:

- "El único hecho cierto, hoy aquí, es que se ha escapado un caballo. Si eso es buena o mala suerte, el tiempo dirá".

Unos días después el caballo retornó con una yegua, y los vecinos del pueblo felicitaron al campesino y a su hijo por su buena suerte. Como la vez anterior el campesino les dijo:

- "El único hecho cierto, hoy aquí, es que el caballo ha vuelto con una yegua. Si eso es buena o mala suerte, el tiempo dirá".

Al cabo de un tiempo, el hijo del campesino, intentando domar a la yegua salvaje, se cayó y se rompió una pierna. El médico dictaminó que se quedaría cojo para toda la vida. Los vecinos fueron a casa del campesino y de su hijo para consolar a este último, consternado por su mala suerte. Una vez más el campesino dijo:

- "El único hecho cierto, hoy aquí, es que mi hijo se ha roto una pierna. Si eso es buena o mala suerte, el tiempo dirá".

Entonces comenzó una cruenta guerra en el país y un grupo de guerreros vinieron a reclutar de manera obligatoria a todos los jóvenes del pueblo. Cuando se disponían a alistar al hijo del campesino se fijaron en que este cojeaba de una pierna:- "¿Qué te pasa en la pierna?" - preguntó el jefe de los guerreros.

- "Me caí de una yegua mientras intentaba domarla. Nunca más podré caminar derecho o correr"- contestó el hijo del campesino.

- "Así no nos sirves. Necesitamos hombres fuertes para combatir, harás mejor en quedarte con tu padre y tu mujer" - dictaminó el jefe.

El campesino dijo:- "¿Lo entiendes ahora, hijo mío? Los hechos no son ni buenos ni malos en sí mismos, lo que nos hace sufrir son las opiniones que tenemos de ellos. Hay que esperar a cómo afectan a nuestro devenir. Un día maldijiste tu pierna y ahora es ella la que te ha salvado de una muerte cierta".

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