Juicio y crítica: ilusión de opinión objetiva

Un popular dicho afirma: "Cuando señalas a alguien con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te están apuntando a ti. En muchas ocasiones la crítica y el juicio son sólo una proyección...

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Nuria Fernández López
martes, 21 de julio de 2015

Una pareja estrenaba piso en un tranquilo barrio. Una mañana en casa, mientras tomaban café, la mujer vio a través de la ventana, que una vecina colgaba las sábanas en el tendedero y dijo: - ¡Que sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero! - ¿Quizás necesita un jabón nuevo?

El marido miraba y quedaba callado. Cada dos días repetía el mismo discurso, mientras la vecina tendía su ropa al sol. Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas limpias, y dijo al marido: - Mira, por fin ella aprendió a lavar la ropa ... El marido le respondió: - Mmm ... no es lo que piensas. - Hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana.

Autor desconocido

 

Tenemos una tendencia casi natural a juzgar la vida y acciones de los demás y a creer erróneamente que nuestro punto de vista es el correcto y acertado. Desperdiciamos una gran cantidad de energía prestando más atención de la debida a las vidas y circunstancias ajenas.

Por norma general tendemos a juzgar y censurar a aquellos que mantienen vidas y actos muy diferentes a la nuestra. Juzgamos según nos dictan nuestros prejuicios, sin respetar, ni plantearnos entender  otros comportamientos.  

Juzgamos en ocasiones a través de la envidia, que oculta en muchos casos el deseo de destruir al otro por ser o poseer algo que anhelamos.

Juzgamos también a través del miedo, desde la tranquilidad que nos da el mundo conocido en el que nos asentamos.

Juzgamos en ocasiones por el afán de agradar y buscar la aceptación de otros.

Juzgamos desde la falta de estima personal como un escudo que a través del rechazo nos protege del mundo que nos hace sentir inseguros.

Afortunadamente tenemos la oportunidad de poner en valor el respeto a la individualidad  y libertad del otro, expresando libremente lo que pensamos, sin emisión de críticas, ni juicios. Aunque nos sintamos con el desacertado derecho a juzgar o evaluar la vida o el comportamiento de otra persona, cometemos un grave error al considerar que sólo nuestro razonamiento es el correcto, que únicamente nuestro punto de vista es el acertado.

Cabría preguntarse ¿Quiénes somos nosotros para juzgar la vida de los demás?. Las personas cambiamos constantemente y nunca se sabe qué vamos a llegar a hacer nosotros, ni las personas a quien hoy juzgamos. Antes de emitir un juicio tal vez convenga plantearse qué hay detrás, qué motiva dicho pensamiento, a veces la respuesta apunta más hacia dentro que hacia fuera. Podemos no estar de acuerdo con las formas de proceder y de pensar de otras personas, pero al mismo tiempo podemos escuchar y respetar otros puntos de vista, pensamientos y hasta vidas, aunque no los compartamos.

 

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