El miedo, la cara oculta del enfado.

Es más fácil sentir enfado que reconocer el miedo.

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Nuria Fernández López
martes, 31 de enero de 2017

Los amantes de la saga de La guerra de las galaxias, tal vez recuerden cuando el maestro Yoda le dice a Anakin Skywalker: "El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti". Y aunque dicho por un personaje de ficción, el mensaje tiene mucho recorrido detrás, ya que el  enfado y sus  primos hermanos la ira y la rabia, tienen una conexión directa con el miedo, y un mismo fin: el sufrimiento propio y ajeno.

Nuestros enfados están conectados con un miedo personal y  concreto que es el que  nos hace sufrir. Al fin  y al cabo cuando alguien a quien apreciamos no nos responde a un mensaje o una llamada, sentimos miedo por dejar de ser importantes para esa persona o si en el trabajo no se toman en consideración nuestras ideas tememos por la  posibilidad de que dejen de contar con nosotros,  pero no manifestamos miedo, sino enfado.

El  enfado, es  nuestra forma de apuntar a aquello que nos está provocando sufrimiento. Cada vez que nos sintamos invadidos por el enfado debemos reflexionar para plantearnos a qué miedo está atado, al objeto de descubrirlo y actuar sobre él. No podemos cambiar a los demás, ni en la mayoría de las ocasiones, las reglas de juego del entorno en que vivimos, pero si podemos analizarnos y  ser críticos con la intención descubrir nuestros propios fantasmas personales.

El enfado, la rabia, el malestar son un reflejo de  aquellos miedos que somos incapaces de reconocer, aceptar y gestionar.

En general nos cuesta tanto aceptar nuestros miedos porque son una forma de manifestar nuestra vulnerabilidad,  vivimos bajo una gran presión social, donde los miedos nos hacen débiles, y de ahí que tratemos de enterrar nuestros miedos a toda costa. Es mucho más fácil ver a personas enfadadas, manifestando su ira hacia otros, o hacia si mismos, sin pudor alguno, que ver a alguien reconociendo sus propios miedos. Podemos pensar que el enfado o la ira son sólo la punta del iceberg, lo que podemos ver.

 

Podemos aprender a liberamos de nuestra ira, enfado o malestar comprendiendo nuestros miedos, ya que todos tenemos un repertorio de miedos bastante considerable, en muchos casos gestados desde la infancia, reforzados por la sociedad y potenciados por nuestra falta de auto-conocimiento. Pero lo que está claro es que los responsables de atender y resolver estos miedos somos nosotros mismos. Y aunque tendamos a hacer atribuciones externas, lo cierto es que la solución no está "ahí fuera" sino "aquí dentro". Y milagrosamente cuando resolvamos estos miedos, gran parte de nuestros enfados, en muchos casos perpetuos y contínuos se esfumarán por arte de magia!!

 

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