?Problemas para dormir? Tenemos una posible solución

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Patricia Lanza
viernes, 23 de febrero de 2018

 

Llega la hora de acostarse. Ese bendito momento del día en el que te dejas caer en la cama como un fardo y... ¡por fin a descansar! Después de un día intenso parecía que no iba a llegar nunca el momento. Pero como todo en la vida, al final llega. El único problema es que, a pesar de estar más muerto que vivo, aunque el sueño te venza en unos pocos minutos, la dicha no dura mucho. Por algún motivo desconocido al cabo de unas pocas horas (muchas menos de lo mínimamente saludable) te despiertas y antes de darte siquiera cuenta, tu cabeza se ha puesto a pensar en todo lo que tienes que hacer al día siguiente, en las preocupaciones y tareas pendientes. En ese momento ya no hay vuelta atrás. Tu cabeza rumia a la velocidad de la luz y tu cuerpo está tan activo como si fuera a participar en una final de los Juegos Olímpicos. Ya todo lo que intentes hacer para recuperar el sueño de poco te vale y sólo puedes ver como los minutos y las horas van avanzando a un ritmo desbocado, acercándose peligrosamente al momento en el que la alarma, sin la más mínima piedad, se pondrá a sonar.

Entre las alternativas clásicas para intentar volver a brazos de Morfeo está levantarnos y ponernos a leer, practicar alguna técnica de relajación o mindfulness, intentar practicar la parada de pensamiento, contar ovejitas... La mayor parte de las veces el efecto es nulo porque ya es muy tarde. La activación es tan alta que el control es prácticamente imposible.

Pero puede haber una solución. Un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology sugiere una solución sencilla pero aparentemente útil: escribir un diario justo antes de acostarnos. El contenido de lo que escribimos, eso sí, es relevante. Parece que más que recoger lo que hemos hecho durante el día anterior, en lo que debemos centrarnos es lo que tenemos que hacer al día siguiente. Y por paradójico que parezca, funciona.

Diversos estudios ya han demostrado el poder catártico de escribir. Utilizar la escritura como modo de plasmar todo lo que sentimos consigue reducir las preocupaciones y la activación emocional. Por lo tanto, papel y lápiz antes de acostarnos puede funcionar como un terapeuta o ese amigo sobre quien desahogarnos. Eso sí, papel, porque las pantallas justo antes de dormir están terminante prohibidas.

Además, al escribir lo que tenemos pendiente contrarrestamos el "Efecto Zeigarnik", según el cual las cuestiones no cerradas o tareas interrumpidas se mantienen más activas en nuestro cerebro. De este modo, al dejar por escrito lo que tenemos que hacer, el cerebro puede dar cerrojazo a la tarea por un tiempo y la activación cognitiva asociada se reduce drásticamente, permitiendo a nuestro cerebro dejar de pensar en ello y, por tanto, descansar tranquilo.

Quizás no sea la panacea, pero tener un diario en la mesilla de noche puede ser una medida barata y saludable para ganar unas horas de sueño. 

 

 

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