La ilusión de verdad, no es una verdad

El fenómeno conocido como efecto de ilusión de verdad sugiere que las personas se muestran más inclinadas a calificar como verdaderos aquellos enunciados que ya han oído anteriormente, independientemente de su veracidad.

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Nuria Fernández López
martes, 27 de marzo de 2018

El efecto «ilusión de verdad» es el responsable de que acabemos tomando como cierto algo que no lo es, simplemente porque lo hemos oído muchas veces. Y para demostrarlo algunos experimentos. En un experimento realizado ya en el 1977, se solicitó a los participantes que leyeran 60 enunciados plausibles cada dos semanas, y que los calificaran basándose en su validez. Una parte de estos enunciados (algunos de ellos verdaderos y otros falsos) se presentó en más de una ocasión a lo largo de diferentes sesiones. Los resultados mostraron que los participantes se mostraban más propensos a calificar como verdaderos aquellos enunciados que ya habían oído previamente, independientemente de su validez real.

En los estudios típicos para demostrar la "ilusión de verdad", primero se suele pedir a los participantes estudiar una lista de enunciados de información general, algunos de los cuales resultan ser verdaderos y otros falsos. Por ejemplo, la lista podría afirmar que "Urano es un planeta de nuestro Sistema Solar" (verdadero), "Urano está relacionado con el humor, según el horóscopo" (falso), "Edison inventó la bombilla" (verdadero), y "Einstein inventó la televisión" (falso). Los enunciados se presentan sin precisar si son verdaderos o falsos. Cuando más tarde se presenta una lista más amplia de enunciados, algunos repitiendo las afirmaciones verdaderas y falsas ya presentadas anteriormente, hay una clara propensión a calificar las declaraciones presentadas anteriormente como ciertas, independientemente de si son verdaderas o falsas. La exposición previa a una declaración, independiente de su veracidad, es suficiente para aumentar la probabilidad de que será posteriormente clasificada como verdadera.

En otros de los experimentos típicos sobre el fenómeno de la "ilusión de verdad", los participantes califican cuánto de ciertas son las afirmaciones de un cuestionario de trivialidades, por ejemplo, cosas como "una ciruela pasa es una ciruela seca". A veces, estas afirmaciones son verdad, pero en ocasiones los participantes ven una versión que no es verdad ("un dátil es una ciruela seca"). Después de una pausa -de minutos o incluso semanas- los participantes repiten el procedimiento, pero ésta vez algunas de las cosas que califican son nuevas, y otras ya las habían visto antes en la primera fase. La principal conclusión es que nuevamente la gente tiende a valorar los elementos que ha visto antes como más probables de ser ciertos.

Aunque estos experimentos de laboratorio ratifican la famosa frase: "Repite una mentira con suficiente frecuencia y se convierte en verdad",  también es cierto, afortunadamente,  que un resultado confiable en el laboratorio no es exactamente trasladable a la vida real en la que intervienen también toda otra serie de variables que no son controlables en una situación de laboratorio. Las técnicas de persuasión, por ejemplo, ampliamente trabajadas en algunos sectores, están ahí porque igual no es tan sencillo hacer mutar a las personas de creencias, ideas, opiniones y hábitos. Aunque igual de cierto es que estas situaciones reproducidas artificialmente nos han ayudado mucho a conocer el comportamiento humano.

Un equipo dirigido por Lisa Fazio, de la Universidad de Vanderbilt, realizó pruebas para determinar cómo el efecto de ilusión de verdad interactúa con nuestro conocimiento previo.

Los investigadores en este caso utilizaron parejas de afirmaciones verdaderas y falsas, pero dividieron los elementos atendiendo a cuánto probable era que los participantes conocieran la verdad. Lo que Fazio y sus colegas encontraron realmente es que la mayor influencia a la hora de juzgar un enunciado como verdadero fue si realmente era cierto. El efecto de repetición no pudo enmascarar la verdad. Con repetición o sin ella, la gente tendía a creer en los hechos reales en contraposición a las mentiras.

Buena noticia para la racionalidad humana, según este experimento, "la repetición tiene el poder de hacer que las cosas suenen más ciertas, incluso cuando sabemos que no lo son, pero no anula el conocimiento."

Aunque pueda parecerlo, los datos de ambos tipos de experimentos no son contradictorios, ya que el fenómeno de la ilusión de produce por el esfuerzo que se necesita para mantener la lógica ante cada información que se escucha. Si cada vez que oímos algo, lo evaluamos contra todo lo que ya sabemos, estaríamos constantemente bloqueados en este proceso. Debido a que tenemos que hacer juicios rápidos, adoptamos atajos heurísticos, y es aquí donde tiene cabida la ilusión de verdad. Basarse en la frecuencia con que oímos algo para juzgar cuán veraz parece, es solo una estrategia.

Nuestras mentes están atrapadas por la ilusión del efecto de verdad, porque nuestro instinto es usar atajos al juzgar el grado de verosimilitud de algo. A menudo esto funciona, pero a veces resulta engañoso. Una forma simple de evitar caer en la mentira por repetición es comprobar por qué creemos en lo que creemos, ¿es porque realmente es cierto, o porque se nos ha sido dicho en repetidas ocasiones?

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