Manifiesto Agile

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Nuria Fernández López
jueves, 23 de mayo de 2019

La Agilidad nace de una necesidad por resolver los problemas que tenía a finales de los años 90 el sector de la programación, al no ser capaz de seguir el ritmo del mercado, donde llegar tarde era una constante y el nivel de satisfacción de cliente era bajo.

Corría el 2001 cuando un grupo de profesionales insatisfechos con las soluciones de los modelos tradicionales de gestión de proyectos declara su independencia de los mismos y aboga por la aplicación de otros que, al menos en teoría, eran más eficaces.

El manifiesto agile recoge los principios y valores de una serie de herramientas cuyo objetivo era mejorar la gestión de proyectos.

El sector del software y de las nuevas tecnologías fue el primero en aplicar el modelo con tan buenos resultados que pronto se plateó su exportación a otras áreas.

Veamos cuáles son los principios del manifiesto:

  • La prioridad fundamental es la satisfacción del cliente. Para ello se trabaja con entregas tempranas y continuas que aporten valor
  • Adaptación al cambio. Se aceptan los cambios como parte del proceso de mejora y aportación de valor del producto final.
  • Entregas tempranas. Se establece la división del trabajo en fases con entregas funcionales en los períodos más cortos posibles.
  • Coordinación y colaboración contínua. Responsables y técnicos han de trabajar juntos de forma coordinada y continua.
  • Motivación y confianza. Los procesos sólo tendrán éxito si quienes los llevan a cabo son personas motivadas, que interactúan en climas de confianza y se les provee de los recursos necesarios.
  • Comunicación cara a cara. El método más efectivo de que la comunicación entre los equipos fluya es el cara a cara.
  • Sostenibilidad: los ritmos e hitos de trabajo y entregas deben programarse con un criterio de sostenibilidad.
  • Atención a la excelencia técnica. La agilidad y éxito se garantiza con la atención a la calidad técnica de los equipos.
  • Simplicidad. Las tareas han de ser lo más sencillas posible. Si alguna no puede ser ejecutada en esos términos, debe ser dividida hasta que se reduzca su nivel de complejidad.
  • Autogestión de los equipos. Los equipos de trabajo deben ser capaces de organizarse por sí mismos. El exceso de jerarquías crea dependencia entre los colaboradores.
  • Adaptación a las circunstancias cambiantes. Es indispensable que quienes ejecutan los proyectos puedan adaptarse a las distintas circunstancias y necesidades que puedan surgir.

Repasando los puntos del manifiesto agile pueden sonar hasta obvios. Los que hayan trabajado bajo esta metodología habrán comprobado que en la práctica requiere una dinámica y disciplina de trabajo e interacciones que, si bien tiene evidentes ventajas, también tiene su dificultad de implantación y sobre todo de sostenibilidad a lo largo del tiempo. Convertirse en una empresa Agile significa estar dispuesto a ser flexible, adaptable, valorar y reconocer a las personas, su trabajo y esfuerzo. Todo ello no tan sencillo de llevar a la práctica, aunque se haya puesto el cartel "agile".

El valor fundamental de trabajar con una metodología agile radica en la capacidad de respuesta y adaptación por encima de la de seguimiento y cumplimiento de planes preestablecidos, amén de que los sistemas de trabajo Agiles necesitan que los individuos se comuniquen de manera eficiente y eficaz, con una comunicación cara a cara clara, transparente y fluida, que en la práctica, tampoco resulta tan fácil, a pesar de las obvias ventajas.

 

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