Claves para gestionar la fatiga pandémica

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Patricia Lanza
viernes, 13 de noviembre de 2020

 

Lunes por la mañana. O martes. O quizás miércoles. Puede que incluso sábado o domingo. Los días se suceden pero no hay mucha diferencia entre unos y otros. Si eres de los que salen a trabajar puede que distingas más entre los días laborables y los festivos. Si estás teletrabajando las líneas empiezan a borrarse. Poco cambio en el paisaje. Si estás en ERTE o simplemente no tienes trabajo, seguramente es casi imposible distinguir unos de otros.

Es más que posible que tus actividades se hayan reducido drásticamente. Nada de salir a tomar copas, nada de gimnasio, hace meses que no vas al cine o a comer fuera y los viajes más largos han sido a hacer la compra. Con este panorama, ¿quién no está cansado, aburrido, desmotivado o, incluso deprimido?

La fatiga pandémica es un término que ahora oímos a todas horas. Viene a describir cómo se siente una gran parte de la población y su forma de reaccionar a una situación que ha sobrepasado todas nuestras capacidades de afrontamiento. El estrés es una reacción normal e, incluso, a veces adaptativa a una situación para lo que no sentimos tener recursos adecuados para hacer frente. Pero cuando ese estrés se mantiene en el tiempo, los problemas empiezan.

Si bien es cierto que el estrés ya era de por sí un mal común en nuestra sociedad, lo que está haciendo la pandemia a nuestro estado emocional es mucho más agresivo. Personas que hasta ahora han sido capaces de afrontar adecuadamente las altas exigencias del día a día, se encuentran actualmente sobrepasadas por las distintas situaciones que genera la Covid. Quien no está preocupado por su salud y la de los suyos sufre la crisis económica o el miedo a quedarse sin trabajo. El aislamiento social, la falta de actividades lúdicas, la incertidumbre ante lo que va a pasar, las restricciones en las libertades... Todo este cúmulo de situaciones difícilmente gestionables generan un estado de ánimo apático, irritable, depresivo... Da igual el sexo, la edad, la condición física, social... Todo el mundo está tocado y la irritabilidad de unos encuentra su blanco en quien se tiene al lado, que responde del mismo modo, creando una bola de nieve que lo empeora todo.

Y ese hartazgo hace también que descuidemos las normas básicas de prevención de la salud. Se descuida la higiene de manos, se dejan de lado las mascarillas, se rompe el distanciamiento... Se acaban llevando a cabo comportamientos que empeoran la situación y que nos llevan a un recrudecimiento de las medidas de control. Una pescadilla que se muerde la cola.

Esa es la realidad. Probablemente hasta aquí todos de acuerdo. Pero no se trata de limitarnos a decir lo mal que está la cosa. Eso ya lo sabemos y no aporta mucho. El tema es, ¿se puede hacer algo?

Las noticias sobre la vacuna son alentadoras. Pero hay que ser realistas. No podemos basar nuestro estado de ánimo en falsas expectativas. No digo que no vaya a haber vacuna nunca, pero no podemos basarlo todo en cosas que no están en nuestras manos. Por lo tanto, ¿qué podemos hacer?

  • Centrarnos en el día a día. Las metas a largo plazo si normalmente están muy bien como objetivos existenciales, ahora pueden suponer una losa sobre nuestros hombros cuando no sabemos lo que va a ocurrir mañana. La única manera de avanzar cuando se está agotado es ir paso a paso.
  • Hacer lo que depende de nosotros. Intentar controlar lo que no está en nuestras manos genera frustración y un malestar que no nos lleva a ninguna parte. Pongamos el foco en lo que sí controlamos. Del mismo modo, hagamos lo que creemos mejor para preservar nuestra salud y la de los nuestros, sin fijarnos en lo que hacen los demás. No podemos controlar el comportamiento de otros. No nos hagamos mala sangre, pero tampoco dejemos que el mal ejemplo de otros suponga que olvidemos nuestras responsabilidades.
  • La mejor manera de vivir en el aquí y ahora es practicando la meditación. Si no has hecho nunca mindfulness es un buen momento para empezar a practicarlo. Seguro que te ayuda mucho.
  • Cuida tu mente, pero también tu cuerpo. Ya nos hemos descuidado bastante durante el confinamiento. Comer bien y hacer algo de deporte (y siempre hay alternativas adaptadas a las circunstancias y a nuestro estado de salud) son estrategias básicas para sentirnos mejor.
  • El sueño y el descanso es fundamental. Si el estrés está afectando a la calidad de tu sueño, lleva a cabo todas las recomendaciones para una buena higiene del sueño (mantén horarios fijos, cena ligero y pronto, evita los excitantes, ten las condiciones adecuadas de oscuridad, temperatura y silencio en la habitación, etc.).
  • Deja de atender a lo que te hace infeliz. Si las noticias te ponen de los nervios, si acabas con un cabreo monumental cada vez que te metes en las redes sociales, si leer artículos sobre cómo está la situación te desespera... deja de hacerlo. O, al menos, reduce el tiempo que le dedicas.
  • Por el contrario, céntrate en lo que te hace feliz. Esas pequeñas cosas que te hacen sentir bien son las que tienen que seguir presentes en tu vida. No importa lo minúsculas que puedan parecer. El desierto está hecho de pequeños granos. Uno solo no parece tener importancia, pero si los empiezas a acumular... Crea nuevas rutinas positivas.
  • Apóyate en los otros. El apoyo social sigue siendo un pilar firme para el afrontamiento de los problemas emocionales. No poder reunirnos o abrazarnos no significa que no haya medios para estar en contacto con las personas que son importantes para nosotros. Aprovecha las nuevas tecnologías.
  • Acepta tus emociones y reconoce las de los demás. Negar que nos encontramos mal no nos va a ayudar. Es preferible reconocerlo para intentar gestionarlo. Y, de mismo modo, entender que los que nos rodean también se pueden encontrar irritables, frustrados, indefensos... es vital para no entrar en una rueda de discusiones. Reconocer nuestras propias emociones y las de los demás es el primer paso para poder comunicarnos más positivamente.

¿Hay algo que hagas tú que creas que pueda ser de ayuda? Cualquier sugerencia se agradecerá más que nunca.

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