Ten en cuenta también a tu mente inconsciente.

Afortunadamente las decisiones que tomamos a veces, son del todo inconscientes.

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Nuria Fernández López
lunes, 19 de diciembre de 2011

Imagina la siguiente situación. Te ofrecen dos trabajos. El horario, tareas, ubicación y perspectivas laborales son idénticos en ambos trabajos. La única diferencia entre los dos puestos es la disparidad entre  tu salario y el de tus compañeros. En el trabajo A, tu salario anual será de 50.000 € y el de tus compañeros de 30.000€,  en el trabajo B tu salario será de 60.000€, pero el de tus compañeros de 80.000€.

Piénsalo bien. ¿Qué trabajo elegirías?

La lógica nos llevaría a pensar que la mejor opción sería la B, ya que ofrece una situación económica más ventajosa, sin embargo los datos nos indican que la mayoría de las personas elegirían el trabajo A.

¿Es también tú caso?

En términos financieros la elección A es completamente  irracional, lo que nos lleva a pensar que gran parte de nuestras decisiones son completamente irracionales. Actuamos como animales sociales en donde tiene mucho peso el cómo nos sentimos, cómo nos vemos, y cómo nos ven los demás. Aunque desde un punto de vista objetivo el trabajo B está mejor pagado que el A, en el A ganamos más que nuestros compañeros y eso nos lleva a sentirnos superiores, lo que es más que suficiente para compensar la diferencia económica con respecto al trabajo B.

Esto tipo de trabajos nos demuestran que no somos tan racionales como nos gustaría creer.

Hace años los psicólogos Ap Dijksterhuis y Zegner realizaron un experimento que consistía en elegir entre una serie de pósters. En el estudio los participantes tenían que entrar en el laboratorio examinar varios pósters y  escoger el que más les gustaba.

- El grupo A tenía que examinar los carteles durante un minuto y medio, anotar las principales razones por las que le gustaba y disgustaba, y finalmente valorar sus anotaciones y seleccionar uno.

- El grupo B debía mirar los carteles y elegir el que más les gustaba.

- El grupo C miraron los carteles poco tiempo, y luego pasaron un rato resolviendo problemas complejos, luego volvieron a ver los carteles y seleccionaron uno.

Después de que hubieron emitido sus valoraciones los experimentadores regalaron a cada participante el póster que habían elegido.

En una segunda fase del experimento se contactó con los participantes en dos momentos,  un mes después y dos meses después para preguntarles de nuevo que les parecía el póster que habían elegido y si mantenían su elección.

Los resultados fueron que cuando se contactó un mes después los que seguían de acuerdo con la decisión tomada fueron los del grupo A y B. Pero cuando se contactó a los dos meses las cosas habían cambiado y los que se sentían más a gusto con la decisión tomada fueron los del grupo C.

Estos estudios se han repetido en múltiples situaciones de toma de decisiones y siempre con los mismos resultados.

Los autores del experimento han indicado que este fenómeno está relacionado con aprovechar el poder de la mente inconsciente. Cuando hay que decidir entre opciones parecidas que se diferencian en dos o tres aspectos, la mente consciente  trabaja bien, pero puesto que nuestra capacidad es limitada cuándo tenemos que tener en cuenta muchos aspectos no debemos de perder de vista el poder de la mente inconsciente.

 

 

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