El sentimiento de ira

Centrarse demasiado en la ofensa y en la expresión del enfado provoca un efecto multiplicador del malestar.

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Nuria Fernández López
lunes, 02 de julio de 2012

La expresión de sentimientos no es universal. Según las culturas existen distintas formas de expresión. Por ejemplo, las culturas orientales a diferencia de las occidentales tienden a no expresar sus sentimientos de enfado o disgusto.

Para otras culturas  la expresión del enfado es algo bueno y hasta saludable. Existen teorías que indican que si no expresamos nuestra ira,  ésta acabará manifestándose de otro modo, por ejemplo, a través de alguna enfermedad.

Sin embargo, el análisis de muchos trabajos de investigación indica que esto no es exactamente así, de hecho, parece que es justamente lo contrario. Centrarse demasiado en la ofensa y en la expresión del enfado provoca más enfado y resulta menos saludable.

La expresión abierta de la hostilidad según algunos trabajos, se ha relacionado con más infartos de miocardio. En un estudio se evaluó la hostilidad manifiesta de 255 estudiantes de medicina, al cabo de 25 años los más iracundos sufrían aproximadamente cinco veces más cardiopatías que aquellos estudiantes que se enfadaban menos.

Hay otros estudios que también señalan que las personas más irritables y que tienen más manifestaciones de ira, experimentan un aumento de su presión sanguínea. Por el contrario, la represión de la ira incide en su disminución.

Las emociones negativas expresadas de forma continua implican hacer un mayor hincapié en ellas, lo que acaba  produciendo un efecto multiplicador atrapándonos en un círculo vicioso en el que permanecemos atentos  de manera constante a los agravios, tanto presentes como pasados.

Obviamente este efecto multiplicador también es válido para las emociones positivas.

Lo que interesa destacar es que centrarse en la expresión del enfado de manera habitual acaba provocando una hipersensibilidad a los agravios. Idea que está justamente en el polo opuesto de las teorías que afirman que debemos expresar y manifestar todo aquello que nos disgusta.

Está claro que según nos posicionemos en un punto u otro, las consecuencias para nuestras interacciones diarias serán diametralmente opuestas.

Por mi parte creo que al margen de que sea saludable expresar en un momento puntual nuestro malestar o disgusto con respecto a algo, es más beneficioso ampliar el campo de mira para evitar convertirnos en radares de aquello que nos desagrada. Resulta mucho más inteligente desde el punto de vista emocional, tratar de transformar ese sentimiento de malestar permaneciendo más atentos a aspectos positivos al objeto de neutralizar el sentimiento de enfado.

Al final, es una cuestión de lo dispuesto que está uno, "a dejar pasar" lo que consideramos una ofensa, o a convivir con el rencor.

 

 

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