Animales en el trabajo: un debate abierto

En este país resulta insólita la mera idea de llevar a nuestras mascotas al trabajo, pero en muchos países esto se está haciendo y se ha comprobado que las ventajas que aporta son muchas. Claro, que habrá muchas personas que no estén de acuerdo con esta medida. 

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Patricia Lanza
viernes, 25 de enero de 2013

Gandhi dijo: "La grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata ésta a los animales", lo cual no deja a nuestro país en muy buen lugar. Sin entrar en nuestras famosas "costumbres y tradiciones" que implican el "uso" de animales, hay que señalar que en España no se permite el acceso de animales a muchos lugares públicos (tiendas, restaurantes, transportes públicos, etc.). Sin embargo, en otros países de Europa es fácil encontrar perros en el metro o en un bar, por ejemplo.

Hay que ser justos y decir que estos países también cuentan con una población que respeta mucho más las normas sociales y que, por tanto, va a asegurarse de que sus perros también lo hacen. Sólo hay que salir a pasear a un parque para comprobar que aquí pocas personas se molestan en recoger los excrementos de sus mascotas. Aunque tampoco es lo único que ensucia nuestros lugares públicos. Colillas, latas, bolsas de plástico, pseudograffitis... "adornan" nuestras calles sin que a nadie parezca molestarle mucho.

En Estados Unidos el 24 de junio es el "Take your dog to work day" (el día de llevar a tu perro al trabajo). Algo que en este país sería impensable. ¿O es que alguien se imagina una oficina llena de perros?

Pues esto que a nosotros nos parece tan insólito, es bastante habitual en EE.UU. porque se ha comprobado que tener un animal en el puesto de trabajo repercute positivamente en el bienestar y la motivación de los empleados.

Ya en 2007 el British Journal of Health Psychology publicó un resumen de investigaciones que sugerían que los dueños de animales tendían a estar más sanos. Se ha comprobado que los dueños de perros tienen una presión arterial más baja, menores índices de colesterol y son menos propensos a sufrir problemas de salud.

Está claro: ¡Pon un perro en tu vida! (Pero, por Dios, si decides comprar o, mejor aún, adoptar un perro, asegúrate de que lo vas a poder cuidar como se merece o, si no es posible, olvídalo. NO necesitamos más perros abandonados).

Los expertos sugieren que las mascotas en el lugar de trabajo pueden ayudar a los empleados a relajarse y a mejorar aspectos físicos, lo que tiene como consecuencia una reducción del absentismo y un incremento en la motivación laboral. Asimismo, se ha comprobado que los trabajadores que se toman un descanso para sacar a sus perros, vuelven a su puesto con una actitud más positiva y su productividad se ve incrementada.

Pero no sólo eso. Las mascotas en la oficina también promueven las interacciones sociales, incrementando la cohesión y favoreciendo la colaboración más efectiva entre el personal.

Por supuesto, esta política de tolerancia exige que el comportamiento y educación de los animales sean exquisitos. No es aceptable que sean agresivos con personas o mascotas, que ensucien, ladren, se muevan excesivamente, etc. Por lo tanto, es fundamental establecer unas normas claras y estrictas sobre estos temas (cómo y dónde deben estar los animales, qué medidas se tomarán en caso de incumplimiento, etc.).

La normativa debe estar bien estudiada para no perjudicar a nadie y, obviamente, habrá lugares donde la posibilidad de llevar animales será inviable por distintos motivos (personas alérgicas, que tengan miedo...). Pero, en general, no es tan complejo ni descabellado como puede parecer, ya que en EE.UU. 1 de cada 5 empresas permite tener mascotas en el lugar de trabajo de forma habitual. De hecho, cada vez es más habitual encontrar perros en lugares tan insospechados como el dentista.

Muchos pensarán que esto es poco higiénico, pero hay que señalar que frente a las reducidas posibilidades de que un perro bien cuidado nos contagie algo (hay que tener en cuenta que resulta más fácil cogerse algo que nos ha transmitido un compañero, como una gripe o una gastroenteritis), habría que analizar las ventajas que reporta. El dentista, por ejemplo, no suele ser el sitio preferido para un niño, pero a lo mejor con un perro cerca la visita podría resultar menos traumática.

Yo, que he tenido la suerte de poder vivir la experiencia de llevarme mi perro al trabajo, puedo certificar las ventajas personales y sociales que aporta. La conciliación familiar, que cada vez está más asumida en muchas empresas, no contempla a las mascotas que, por otra parte, no dejan de ser un miembro más para muchas familias.

Por supuesto, la percepción de todo esto variará mucho entre aquellos a los que les gustan los animales y los que no. Pero creo que, siempre desde el respeto, se puede encontrar una solución que beneficie a todos y que permita a las empresas, en la medida de lo posible, adoptar todas aquellas medidas que buscan una mejora de la calidad personal y laboral de sus empleados.

El debate está abierto. En cualquier caso, animaría a cualquier persona que conozca empresas en las que se permitan animales a que contar la experiencia para aportar datos más objetivos.

 

 

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