Cuando no deseamos el cambio.

La forma en que afrontamos el cambio depende básicamente de la motivación que tengamos hacia dicho cambio. Dicho de otro modo, depende principalmente de si el cambio es deseado o no.

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Nuria Fernández López
lunes, 04 de noviembre de 2013

 

Cambiar de casa, trabajo, coche, móvil, etc. son circunstancias todas ellas que nos obligan a gestionar el cambio, este afrontamiento y sus consecuencias dependerán básicamente de si ese cambio ha sido deseado, buscado o provocado por nosotros mismos o nos lo han impuesto.

Elisabeth Kübler-Ross es la autora de referencia si hablamos de cambio. Es mundialmente conocida por sus cinco etapas de afrontamiento del duelo. Y aunque, obviamente, estas etapas no pueden trasladarse literalmente, ya que no es lo mismo hablar de afrontamiento de la muerte que de gestión del cambio, constituyen un buen guión para ilustrar los momentos por los que pasamos cuando afrontamos un cambio no deseado.

Por cambio no deseado entendemos cualquier variación substancial en el status quo, no querida, deseada, buscada, aceptada, que supone una transformación en nuestra forma de vivir, trabajar, actuar, etc.. Normalmente en estos casos, sentimos el cambio, como una imposición externa.

Estos cambios se refieren por ejemplo:

  • Al cambio en las condiciones laborales, en la forma en que trabajamos, en las rutinas, procedimientos a seguir, cambios de roles.
  • A despidos.
  • A separaciones o rupturas no deseadas.

En general, pasamos por estas cinco etapas de cambio cuando afrontamos una transformación en condiciones o circunstancias no deseadas.

 

Negación: esta etapa se caracteriza por la incredulidad, no nos creemos lo que ha sucedido o va a suceder. Es una etapa de revelación, nuestra mente se revela contra lo que acabamos de recibir. No nos sentimos capaces de afrontarlo, nos sentimos superados por las  nuevas circunstancias o condiciones.

Ira: es una etapa de enfrentamiento, lucha y rechazo contra lo o los que entendemos como responsables del cambio. Es una etapa natural en los procesos de cambio, no hay que negarla, ni reprimirla, hay que dejar que se exprese, aunque atentos a su forma de expresión, para que no degenere en violencia. Esta etapa suele manifestarse a través del llanto y la queja.

Negociación: La fase de negociación es un intento de volver atrás, de intentar negociar para no afrontar el cambio. Son característicos de esta etapa los "si hubiera hecho.." "no volveré a hacer..." "en la próxima ocasión..." Lo más difícil de esta etapa, es no quedarnos anclados en una situación de parálisis, en espera del momento adecuado o las circunstancias más propicias para el cambio. Intentamos buscar en el pasado las circunstancias que nos obligan al cambio presente, y negociamos sobre la posibilidad de cambio de dichas circunstancias para conseguir mantenernos en el presente y futuro tal y como estamos.

Depresión: las etapas anteriores nos sitúan en el pasado, la depresión es la primera etapa que nos confronta con el presente. Es la etapa que nos confronta con la realidad e inevitabilidad del cambio. La tristeza y la sensación de vacío suelen ser típico en esta etapa. El sentimiento de malestar se traslada a nuestro entorno, familia, amigos, trabajo, etc., que suele verse muy afectados. En esta etapa pueden aparecer también problemas físicos derivados del estado de ánimo negativo y la somatización de dicho malestar.

Aceptación: aunque puede no haber linealidad en las etapas anteriores, ya que no todo el mundo pasa por las mismas etapas, esta, siempre es la etapa de final de proceso. En esta etapa o aceptamos el cambio con lo que implica, o lo rechazamos, no hay otra opción. Aceptar no significa sentirse bien o estar de acuerdo con lo sucedido, es asumir que hay una nueva realidad y debemos aprender a convivir con ella.

Cuanto antes aceptemos la nueva realidad menos consecuencias sufriremos y antes podremos comenzar a reconstruir e iniciar el proceso de cambio.

Como es obvio, cado uno de nosotros vivimos y expresamos el paso por dichas etapas de manera diferente. Es importante comprender que todas forman parte de un proceso de adaptación y afrontamiento de un cambio no deseado.

La forma en que el entorno profesional y personal apoye o actúe con respecto al cambio, influye también en nuestro proceso de adaptación.

En post posteriores analizaremos qué podemos hacer para que el paso por cada etapa sea lo menos traumático y más positivo posible.

 

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