El color del cristal con el que miramos

Hay muchas formas de percibir el mundo que nos rodea, y todas dependen del cristal desde el que miramos la realidad.

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Nuria Fernández López
lunes, 16 de diciembre de 2013

 

Se dice que en este mundo nada es verdad o nada es mentira, todo es del color del cristal con el que se mira.

Nos pasamos la vida mirando a través de lentes de distintos colores y texturas que llevamos puestos de manera permanente, aunque en muy pocas ocasiones tomamos conciencia de ello.

Nos ponemos los lentes de la negatividad y a través de ellos vemos todo desagradable, triste, molesto, opaco. Nos ponemos los lentes de la positividad y a través de ellos vemos todo alegre, motivador, ilusionante, bueno.

El filtrado implica una distorsión de la percepción, lo que percibimos ya no es puro, ha sido afectado por distintos factores emocionales o mentales y por lo mismo da lugar a la construcción de una creencia irracional, una interpretación de la realidad, que tiene consecuencias en las decisiones que tomamos y en la conducta que seguimos.

Sabemos que nuestra visión del mundo y en consecuencia nuestro carácter, nuestra forma de ser y estar, está condicionada por la interpretación que hacemos de las percepciones, y sabemos también que estas percepciones muchas veces están distorsionadas.

Cada " color" o cada " lente" tienen su origen en una emoción y simultáneamente provocan una interpretación particular que se manifestara en una actitud.

Veamos algunas:

Cuando miramos a través del orgullo: interpretamos los actos de otros como desconsideración a nuestros desvelos y generosidad, si alguien nos elogia y agradece todo estará bien, pero si alguien no lo hace del modo que creemos correcto, nos ofendemos y podemos llegar a pensar, decir y actuar  como si el otro no mereciera nada por nuestra parte.

Cuando miramos a través de la ira cualquier cosa, la más mínima, nos contraria, no toleramos frustración alguna, ni estamos dispuestos a reconocer nuestros caprichos, lo que queremos lo merecemos porque si, el mundo entero está contra nosotros y la vida es una lucha constante.

Cuando miramos a través de la envidia vemos todo lo bueno que les sucede a los otros, el otro siempre parece más feliz, tiene más que nosotros, es más afortunado con menos esfuerzo, las cosas a nuestro entender le vienen dadas, no tiene que esforzarse mucho para mantener o tener sus posiciones o situaciones, no vemos sus dificultades, ni sus esfuerzos, ni la causa de porque logra lo que logra, vivimos resentidos en perpetua insatisfacción y comparación con los demás.

Cuando miramos a través del agrado al otro nos mostrarnos ante cada persona tal como creemos que esa persona espera que seamos, nos obligamos a proyectarnos de forma distinta a nuestra verdadera realidad, ya que no nos aceptamos y valoramos sino es a través del reconocimiento  y aprobación de los demás.

Cuando miramos a través del resentimiento cada paso nos recuerda la injusticia cometida contra nosotros, nos sentimos víctimas, simulamos estar bien pero en el fondo sufrimos y esperamos la oportunidad para vengarnos, para devolver el agravio sufrido.

Cuando miramos a través de la avaricia  todo nos parece poco, nada resulta suficiente, todo es insatisfacción, vivimos para retener lo conseguido y sufrimos por buscar más y no perder lo alcanzado.

 

 

Cuando miramos a través de la inseguridad vivimos con el miedo constante al fallo, al error, pensamos que los demás esperan el fallo para agredirnos, desaprobarnos y juzgarnos, nos esforzamos al máximo parta estar a la altura de lo que creemos que debemos hacer para evitar la crítica y la desaprobación.

Cuando miramos a través del miedo nos paralizamos ante cualquier cosa, todo es un peligro potencial, una amenaza, la hostilidad nos rodea, vivimos en la inseguridad e incertidumbre continua.

Cuando miramos a través de la pasión el mundo es intenso, todo es magnífico, la vida es ahora, no mañana, todo supone un reto, una motivación.

Cuando miramos a través de la negación,  todo está prefecto, mejor esperar y no intervenir, no queremos escuchar nada que perturbe nuestra propia visión y si algo sale mal podemos inventar alguna distracción que vuelva a poner todo en su lugar, no negamos a ver más allá de lo que queremos creer.

Cuando miramos a través del optimismo no negamos a la realidad, la "aceptamos" de modo que resulte siempre una experiencia favorable, buscando en todo el punto de aprendizaje y mejora, el riesgo está en la exageración que lleva a una actitud de ingenuidad, que puede evitarse con un poco de atención a lo real. Este prisma cambia a mejor todo en nuestras vidas, actitudes, relaciones y futuro.

Estos son sólo algunos de los muchos lentes a través de los cuales percibimos la realidad que nos rodea, como vemos todos la transforman, y con ello nuestra forma de reaccionar y actuar, tal vez como propósito para el próximo año, podemos intentar averiguar qué lentes utilizamos con más frecuencia, y si las consecuencias que obtenemos nos disgustan, iniciar un camino de cambio hacia la lente con la que sintamos que el mundo es del color que deseamos.

 

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