De bruces contra la realidad

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Patricia Lanza
viernes, 09 de mayo de 2014

 

El otro día me encontré el parque de enfrente de mi casa cuajadito de carteles nuevos. Intrigada, me acerqué a ver de qué se trataba. Eran las normas de comportamiento que debían seguirse en este espacio. Me llamó la atención porque el 90% de las cosas que ponían eran de lo que se suele denominar "de cajón de madera de pino".

Yo entendía que la gente ya sabía que no se debían arrancar las plantas, que la basura se tira en las papeleras, que hay que recoger los excrementos del perro, que no debemos molestar a los animales... Puedo entender que un par de normas puedan causar cierta duda (es posible que haya gente que no sepa que la ley obliga a llevar a los perros atados y, sin son peligrosos, con bozal), pero el resto de indicaciones eran tan obvias que no entendía a santo de qué el ayuntamiento se había gastado el dinero en encargar e instalar semejantes carteles con la que está cayendo.

Pero resulta que el problema es mío. Una creencia irracional que está en la base de mi forma de entender cómo deben funcionar las cosas. Yo siempre había pensado que había que esperar que la gente se comporte como se espera de ella, que se ajuste a las normas sociales básicas, esas necesarias para que convivencia funcione. Pero parece que es un error, una idea distorsionada, una falacia. Esperar cosas como que un trabajador cumpla sus funciones con una calidad e implicación básicas, es sólo una utopía.

En Psicología se dice que el comportamiento debe moldearse y regularse por refuerzos antes que por castigos. Se explica que el castigo sólo consigue un cambio de comportamiento limitado en el tiempo y, sobre todo, que sólo se lleva a cabo cuando la fuente de autoridad está presente. Es decir, que la persona esperará el momento en que no se sienta vigilada para hacer lo contrario de lo que le han pedido.

Así que si queremos conseguir un determinado comportamiento, la teoría nos dice que deberíamos reforzarlo, y no castigar el comportamiento contrario.

A veces, cuando alguien no hace lo que se espera de él/ella, lo primero que se cuestiona es si se le habían dado las instrucciones adecuadas. Yo, visto lo visto, empiezo a pensar que ahí no está el problema. ¿De verdad es necesario aclararle a alguien que la basura se tira en la papelera y no en el suelo? Sinceramente, lo dudo. Creo que la inmensa mayoría de la gente sabe lo que debe hacer. Otro tema es: ¿por qué no lo hace? Y, ¿qué hay que hacer para las personas se comporten como se espera de ellas? Pues, la verdad, no lo sé. Mis años de carrera y estudios posteriores desde luego no me dan pista alguna. No sé si es un tema de rebeldía, de comodidad, de egoísmo, de no dar tu brazo a torcer, desidia... 

Sea como sea, la solución que proponen algunos de funcionar como "el guardia de la porra", vigilando constantemente lo que hacen las personas, parece la única alternativa. Pero es muy triste. Y supongo que poco efectiva. Es muy triste darse de bruces con la realidad y entender que la autogestión es una utopía. Aunque, también es cierto que, una vez identificada la creencia irracional, la frustración es menor. Dicen que nunca esperes nada de nadie, mejor estar sorprendido que decepcionado. 

 

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