Yo, levanto la mano

Dejar de mirar hacia otro lado no es fácil pero es lo que define lo que somos.

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Nuria Fernández López
martes, 08 de septiembre de 2015

Cada día estamos expuestos a las atrocidades que suceden por doquier en muchos puntos del planeta y aún aquí mismo.

Somos observadores impasibles del dolor, sufrimiento, injusticias,  aberraciones y un larguísimo  etc. Son tantas las noticias que nos llegan cada día que casi han agotado nuestra capacidad de respuesta, de humanidad, de empatía, de sobrecogimiento. Nos convertimos en sólo observadores de un mundo y un entorno feroz, mientras esta ferocidad sea para con otros.

A veces una sencilla experiencia puede actuar como revulsivo para  ver con más detalle lo que a nuestro alrededor sucede y despertar alguna conciencia.

Esta es la historia:

En el primer día de clase, el profesor de "Introducción al Derecho" entró al aula y lo primero que hizo fue pedir el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila: 

¿Cuál es su nombre?
Mi nombre es Nelson, Señor.
¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! - Gritó el maestro desagradable.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió de la habitación.
Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
¡Muy bien! - Vamos a empezar, dijo el profesor.
¿Para qué sirven las leyes? preguntó el maestro - los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
Para tener un orden en nuestra sociedad.
¡No! - Respondió el profesor.
Para cumplirlas.
¡No!
Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
¡No!
¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta?
Para que se haga justicia - una muchacha habló con timidez.
¡Por fin! Es decir, por la justicia.
Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan vil del profesor.
Sin embargo, continuaron respondiendo:
A fin de salvaguardar los derechos 
humanos.
Bien, ¿qué más? - preguntó el maestro.
Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien ...
Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:
"¿Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?"
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
Quiero una respuesta por unanimidad!
¡No! - Todos contestaron con una sola voz.
Se podría decir que he cometido una injusticia?
¡Sí!
¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para que queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson - dijo. Después de todo, él es el maestro, yo soy un estudiante de otro período.
Aprendan que cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada.

No sé muy bien que debería suceder en el mundo para que todas la atrocidades  e injusticias que en el suceden dejaran de existir, probablemente sea imposible que tal cosa ocurra, pero tal vez no hay que mirar tan lejos, tal vez cada uno podemos aportar nuestro granito de arena sensibilizándonos ante el dolor ajeno y levantando la mano cuando algo que suceda a nuestro alrededor pase al terreno de la injusticia y de lo inhumano.

 

 

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