Carta de despedida

Hay compañeros de viaje que es mejor dejar en tierra.

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Patricia Lanza
viernes, 04 de diciembre de 2015

 

Recientemente leí un post que me resultó muy interesante. Era una carta de despedida. Con ella la autora pretendía decir adiós para siempre a un mal compañero. Un amigo que, aunque fiel, le había resultado muy dañino a lo largo de su vida: el perfeccionismo.

En dicha carta iba relatando cómo le había afectado su "amistad" en el transcurso de los años y el mal que le había hecho. Me sentí reflejada en mucho de lo que comentaba.

Es curioso, porque ese mismo día leí un artículo en el que decían que ante la famosa pregunta: "¿Cuál es tu peor defecto?" en una entrevista de trabajo, lo que nunca se debía contestar era: "Soy un perfeccionista, por lo que me cuesta trabajar en equipo".

No entendía por qué decir eso se consideraba un error tan grande. ¿Es mejor decir que eres cleptómano y robas material de oficina? ¿O que te dan ataques de ira y has intentado asesinar a un compañero en un mal día? A ver, estás en una entrevista de trabajo, tampoco es que tengas mucho margen de maniobra.

Pero luego explicaban por qué la respuesta era tan mala: porque demuestra falsa modestia. Entonces lo entendí: el que considera esa respuesta falsa modestia es que no es un perfeccionista. Porque el verdadero perfeccionista sabe que serlo no tiene nada que ver con la excelencia, con hacer las cosas bien. Ni con tener éxito. Ni con ser bueno o el mejor en nada. No tiene que ver con nada de lo que sentirse orgulloso o presumir.

Es cierto que cuando comienzas el camino con el perfeccionismo parece otra cosa. Parece un buen amigo que te empuja a mejorar y hacer las cosas bien. Parece que te da el ímpetu para lograr tus metas. Que sólo quiere hacer de ti una persona mejor y más competente. Pero cuando empiezas a conocerle bien, te das cuenta que sus intenciones son otras.

Ser perfeccionista tiene que ver con pedirte más y más a ti mismo. Con asumir más trabajo del que realmente puedes manejar (al menos para conseguir esa supuesta perfección). Con sentir que por mucho que lo intentas las cosas nunca acaban saliendo como te gustaría. Con mirar cualquier cosa que has hecho y encontrar mil aspectos que se podrían haber hecho mejor. Con tener la perpetua sensación de que el juicio de los demás puede ser malo, pero la certeza de que el tuyo propio va a ser peor. Saber que el "guarda de la porra" no está fuera esperándote, sino que lo llevas dentro de ti, así que no tienes escapatoria alguna. Saber que por mucho que corras, por más esfuerzo que pongas, nunca llegarás a la meta. Básicamente, el perfeccionismo es estrés, auto-sabotaje, sueño perdido, frustración, hiperresponsabilidad, reducción de la confianza en ti mismo... Cualquier cosa, menos falsa modestia.

Así que si eres un perfeccionista, ya sabes, escribe una carta de despedida a tu amigo a ver si consigues que te abandone porque está claro que no es una buena influencia. ¡Y recuerda!, no le menciones en ninguna entrevista de trabajo. No está bien visto.

 

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