Las preocupaciones: pre-ocupaciones

La preocupación proyecta, con frecuencia, una enorme sombra de algo muy pequeño. Proverbio chino.

 

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Nuria Fernández López
martes, 19 de junio de 2018

Quien esté libre de preocupaciones que tire la primera piedra.

Las preocupaciones sirven principalmente para tensionarnos, y cuando aparecen es complicado apartarlas de nuestro día a día. Aparecen cuando permitimos que los pensamientos negativos de futuro se adueñen de nuestra vida. Provocan por norma general: intranquilidad, ansiedad, nerviosismo, miedo, inquietud, malestar, angustia, etc.

Si descomponemos la palabra "preocupaciones", tenemos literalmente: Pre + ocupaciones. Nos adelantemos a los acontecimientos. O sea, que las preocupaciones se producen porque dedicamos energía, tiempo, esfuerzo, recursos personales a algo que todavía no existe, y lo que es peor, seguramente nunca existirá tal y como lo hemos proyectado. Lo que nos preocupa realmente es no poder asumir y hacer frente a esas situaciones que en nuestra imaginación damos por hecho que sucederán. La base, por tanto, de las preocupaciones, es la anticipación de desenlaces y consecuencias futuras. Es decir, el ejercicio de la "adivinación" del futuro.

Un elemento clave como desencadenante de las preocupaciones y la ansiedad asociada, es la incapacidad para tolerar la incertidumbre. Las personas con preocupación crónica no pueden soportar la duda y la falta de control. La preocupación es utilizada como una manera de predecir el futuro y evitar sorpresas desagradables.

Imaginemos un vaso lleno de agua...

Seríamos capaces de decir ¿Cuánto pesa este vaso?. Las respuestas suelen variar entre 200 y 250 gramos.

Sin embargo...El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengamos. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, se vuelve.

Las preocupaciones son como un vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.

Tanto el estrés, como la preocupación campan a sus anchas en nuestra mente cuando les abrimos las puertas. Tenemos que crear hábitos emocionales saludables para que nuestra mente funcione trabajando para nosotros, y no, contra nosotros. Hay dos sencillas recomendaciones que podemos poner en marcha de forma relativamente simple. La primera es el reconocimiento de nuestra tendencia a la pre-ocupación. Tenemos que reconocer que nos pre-ocupamos mucho. Que invertimos tiempo y energía en dar solución a acontecimientos que todavía no se han producido. La segunda es instalar dentro de nosotros la creencia de que seremos capaces enfrentar las situaciones y superar los obstáculos cuando se presenten realmente, y no caer en la trampa de la preocupación anticipada como solución prevista. Teniendo en cuenta que ya la propia experiencia nos habrá demostrado, que muy pocas veces las batallas que libramos por anticipado, luego ocurren realmente como las hemos proyectado.

 

 Recuerda soltar el vaso de las preocupaciones antes de que el brazo empiece a doler...

 

 

 

 

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