Crea tu propia suerte

¿Creamos nuestras propias oportunidades o nos escudamos en lo fácil: "He tenido mala suerte"?

 

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Patricia Lanza
viernes, 24 de septiembre de 2010

La suerte (mala o buena) existe. No es más que probabilidad y, como tal, no podemos negarla.

No sé cuál será la probabilidad de que, paseando por la calle, nos caiga una maceta en la cabeza pero, evidentemente, esa posibilidad existe porque existen macetas que están sobre nuestras cabezas. Sin embargo, si nunca pasáramos por lugares donde hay macetas colgadas en lo alto, la probabilidad de un accidente de ese tipo desaparecería.

En otras palabras, la probabilidad de que algo suceda existe si hay posibilidades reales de que ocurra, y aumentará en función del grado de exposición a la situación. Ya lo indica el dicho popular: "Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe".

Con esto quiero decir que la buena o mala suerte, en gran medida, es una consecuencia de nuestros actos, y escudarnos en "los designios del destino" es, en muchas ocasiones, una mera excusa. Yo misma me quejo de la mala suerte que tengo, que nunca me toca la lotería, cuando resulta que no juego.

Así, en muchos casos, son la iniciativa y la constancia las claves del éxito, y no la casualidad.

Esto es un ejemplo claro en la actividad comercial. Es fácil pensar que se logra un cliente por estar "en el sitio adecuado en el momento adecuado". Y no niego que no sea, en parte, cierto. Pero también es verdad que para estar ahí hay que ir, y cuanto más se vaya, más fácil será que coincida nuestra presencia con una necesidad del cliente.

 

 

Además de eso, hay que añadir mucho más trabajo, por supuesto: una buena propuesta, productos y servicios adecuados a las necesidades del mercado, tarifas competitivas, etc. Pero todo esto depende, también, de un trabajo previo, más que de la suerte.

Como en la actividad comercial, hay muchos otros aspectos de nuestra vida que requieren de un esfuerzo y una constancia que pueden, si no garantizarnos el éxito, sí hacerlo más probable.

Así que tomemos las riendas de nuestra propia vida y trabajo y creemos nuestra propia suerte, y dejemos que los demás piensen: "Es una persona con suerte".

 


 

Este post está dedicado a mis grandes ídolos: los comerciales. Esas personas que pese a escuchar doscientas veces al día "No", siguen llamando a las puertas de los clientes. Todo un ejemplo de constancia y resistencia a la frustración.

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