Convertirnos en presas difíciles

Los depredadores de todo tipo buscan a presas fáciles que no se resistan, lo que les hace sentirse más poderosos.

 

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Nuria Fernández López
martes, 20 de marzo de 2012

La semana pasada llegó a mí una presentación de PPT que me llamó especialmente la atención. Además de por la sensibilidad,  alcance e importancia del tema que abordaba, me sorprendieron  los términos en los que se trababa dicho tema.

Soy consciente de que es un tema de gran sensibilidad especialmente para las mujeres, pero aún así me pareció interesante por el alcance y trasfondo.

Me llegó a través de una asociación liderada por una mujer que había participado en un curso de defensa personal, obviamente enfocado a mujeres.

La presentación trataba de ofrecer las claves de análisis del comportamiento que hacen los violadores para seleccionar a sus víctimas.

A priori uno puede pensar que las víctimas son consecuencia del azar o la mala suerte. Pues nada más lejos de la realidad, hay una elección o mejor dicho selección de la víctima entre todas las posibles.

El violador es un depredador, en el sentido literal, que estudia y analiza a sus víctimas igual que hemos visto cientos de veces hacen los animales salvajes cuándo en una manada seleccionan a la víctima más débil, y que más fácil les va a resultar derribar.

A continuación recojo algunas de los aspectos que un grupo de violadores que fueron entrevistados en prisión expresaban que analizaban para elegir a sus víctimas:

  • Una de las cosas que señalaron que primero miraban de sus víctimas potenciales era el peinado. Es más probable que ataquen a una mujer que lleve una coleta, trenza o cualquier peinado que permita tirar y sujetar. Son víctimas más probables mujeres con cabello largo que corto.
  • Buscan a víctimas distraídas, que están hablando por el móvil o que parezcan desatentas.
  • Analizan también el tipo de indumentaria de sus posibles víctimas.
  • Existen unas franjas de horas en dónde es más probable que se produzca el ataque. Entre las 5:00h y las 8:00h de la mañana y después de las 22:00h.
  • Descartan a mujeres que  llevan paraguas o cualquier objeto que puedan utilizar en un momento dado para defenderse.

A raíz de lo anterior se hacen unas recomendaciones básicas sorprendentes, al menos para mí.

  1. La primera es que si una siente que alguien  puede estar siguiéndole en un garaje, un arcén, una escalera, un ascensor, lo recomendable es mirar a la cara del individuo del que se sospeche  y preguntarle algo tipo ¿qué hora es...? con el objeto de que el agresor piense que podría ser identificarlo fácilmente y desista de su intención.
  2. Otra de las recomendaciones es que si sentimos que alguien nos sujeta, lo que debemos hacer es, gritar  y pelear, al objeto de ser un blanco incómodo  y difícil que nuevamente haga al agresor desistir.
  3. Otra recomendación es que si hay algo que nos resulta sospechoso, no  hay que esperar por la vergüenza que supondría equivocarse, sigamos muestro instinto, y si nos equivocamos pidamos disculpas.
  4. Y por último, en el caso de gritar, nunca gritar socorro, gritar FUEGO !!, ya que la probabilidad de que alguien acuda será mucho mayor. La palabra fuego hace que uno se sienta una víctima potencial, y al menos tratará de averiguar qué es lo que pasa y que peligro puede suponer para si mismo, con lo que la posibilidad de recibir ayuda será mayor.

La reflexión de base que a mi me surge, es que el miedo que sienten y manifiestan las víctimas es el principal arma con la que cuentan los agresores de cualquier tipo. Es ese miedo que  paraliza lo que les da la confianza y la seguridad para perpetuar sus agresiones. En el fondo, las recomendaciones antes señaladas van dirigidas a intentar no mostrar ese miedo, y a convertirnos en una presa incómoda. No puedo evitar la imagen de los muchos documentales que todos hemos visto donde las presas de los grandes depredadores luchan  por su vida llevando finalmente el depredador a desistir.

Obviamente, seguro que las víctimas tendrían mucho que decir, ya que la amenaza a la propia vida con la que coaccionan los agresores hace sin duda muy difícil que uno piense en la lucha. 

De todos modos, debemos intentar convertirnos en una presa difícil para cualquier depredador. Y como todos hemos podido comprobar a la largo de nuestras vidas, hay depredadores de muchos tipos. Cada día somos expuestos a las barbaridades a las que son sometidos algunos seres por desalmados que buscan en la propia miseria de su comportamiento elevarse por encima de su víctima.

Vaya por delante mi admiración por cada una de las víctimas que han sabido, podido y querido seguir confiando en su vida.

 

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