Hasta el fútbol, para el final

Esta misma semana hemos tenido la oportunidad de ver lo que significa el fútbol para los españoles. No hace falta hacer comentario al respecto. Pero sí haré una reflexión sobre algo que, aunque pueda parecer mentira, nos tira aún más. 

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Patricia Lanza
viernes, 06 de julio de 2012

Eran las 20:30 del domingo 1 de julio de 2012. Día que, para algunos, pasará a la historia por ser la final de la Eurocopa que ganó España. Obviamente, a esa hora todavía nadie sabía que sería así, pero sí era una fecha muy señalada para una gran mayoría de los españoles.

Como a mí no me gusta el fútbol, pensé aprovechar la ocasión para hacer unos recados.  Pensé que toda España estaría delante del televisor en su casa, bares o cualquier otro local o espacio habilitado para la ocasión (que, desde luego, no eran pocos), y que, por tanto, sería un buen momento para moverme sin tráfico.

Cuál fue mi sorpresa al encontrarme, a 15 minutos del inicio del partido (creo que la televisión llevaba así como 5 horas de previo), un atasco monumental a 25 kilómetros de la entrada a Madrid.

Creo que sobran los motivos para afirmar, sin miedo a equivocarme, que pese a encontrarse en la carretera, una gran cantidad de esas personas quería ver el partido. Así que, ¿cuál es la conclusión?

Que nos puede la tendencia a dejarlo todo para el último momento. Que como a los niños, eso de "5 minutos más" acaba siendo más fuerte que nosotros y, cuando nos vamos a dar cuenta, el tiempo se nos ha echado encima.

Imagino que la mayoría de esas personas decidieron disfrutar un poco más de un su fin de semana fuera antes de volver a casa y ahora se encontraban atrapados en el coche, en un enorme atasco, sufriendo porque veían cómo se acercaba la hora del comienzo de la final y se lo iban a perder.

Supongo que muchos de ellos estarían "jurando en arameo" porque iban a perderse ese gran acontecimiento por haber salido más tarde de lo que debían.

En nuestra vida personal y laboral, por mucho que nos lo propongamos, acabamos asfixiados, sin tiempo, por esa tendencia a esperar un poco más. Porque siempre sobrestimamos el tiempo disponible, los plazos, nuestra capacidad hacer las cosas... y subestimamos la posibilidad de encontrar complicaciones por el camino. Siempre pensamos que "hay tiempo de sobra", "queda mucho", "no se tarda nada"... Nunca nos planteamos que haya algo que nos dificulte nuestras metas en los tiempos establecidos. Tampoco escuchamos a los que nos advierten que quizás no estamos calculando bien los plazos porque los acusamos de exagerados o negativos.

Entonces, ¿es que somos excesivamente optimistas? Puede ser. El caso es que es habitual acabar sufriendo en distintas situaciones por esta aparente incapacidad para planificarnos de forma realista.

Noches sin dormir para preparar un examen o entregar un proyecto en plazo, largas colas para comprar regalos en fechas clave, atascos por esperar de más... Nuestra vida personal y laboral seguro que está plagada de ejemplos.

Y no tropezamos dos veces con la misma piedra, sino un millar o más, porque no aprendemos. Porque juramos que "esto a mí no me vuelve a pasar". Pero nos pasa. Y ni al fútbol llegamos a tiempo.

 

 

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