Ser muy buenos nos pone en peligro

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Alicia Jiménez
miércoles, 29 de octubre de 2014

 

El fin de semana 27 y 28 de Septiembre tuve la oportunidad de asistir a un taller de Constelaciones Familiares con Mayé Arredondo, mexicana y experta en Pedagogía Sistémica, organizado por Talent Manager Organizational Constellations en Madríd.

Una de las temáticas que sobre las que tuvimos la oportunidad de reflexionar y compartir fue sobre el peligro de ser muy buenos hijos cuando la vida nos pone delante la difícil prueba de asistir a los padres en su ancianidad. ¿Cuál es el asunto?. Algo sencillo, humano y fácil de comprender. Nosotros mismos hacemos que la tarea se vuelva una carga tan pesada que nos desconectamos del amor. Nos damos tan poco permiso para no ser los hijos amorosos que se supone que debemos ser, que  hacernos de esa carga algo extraordinariamente pesado. Es frecuente que incluso inconscientemente lleguemos a desear la muerte del ser querido del que hay que ocuparse. Sé que esta frase puede herir la sensibilidad de muchos, por eso os pido que os deis la oportunidad de seguir leyendo.   Esto que nos cuesta tanto reconocer, el deseo inconsciente de muerte o desaparición de ese otro que motiva la carga, suele afectarnos en forma de culpa, malestar. Es un deseo inconsciente y por eso apenas nos  permitimos que evolucione hasta transformarse en algo parecido a un pensamiento consciente y aún menos nos atreveríamos a ponerlo en palabras.  Sin embargo, y quiero insistir en esto, es lo más natural y humano que puede sucedernos en una situación en la que nos hemos propuestos ser "tan buenos".

 

 

 

 

 

Es frecuente en estos momentos que las familias entren en conflicto, en competencia por quién es el "mejor hijo o hija". Desde la autoexigencia de ser "buenos hijos" nos consumimos en batallas que contribuyen a alejarnos una vez más de lo esencial. Incluso son una buena distracción para no mirar de frente lo que verdaderamente duele, el estado y el dolor de esa persona que realmente amamos.

Maye Arredondo decía con gran empatía "cuando la carga es muy pesada el amor se olvida". Y es entonces cuando ponemos nuestra alma en peligro, porque el alma no puede soportar la culpa por haber tenido de forma inconsciente el deseo de muerte o desaparición del ser querido. Nuestra alma sabe que es lo importante y entra en riesgo al perderse de esa manera.

Además el alma del enfermo también entra en un dilema: "¿Qué hago?. ¿Me voy para que su vida sea más fácil o me quedo para que su alma (la de los cuidadores) tenga la oportunidad de reconciliarse con su personalidad. Por supuesto todas estas batallas entre cuidadores, esa imposición de "ser buenos",  esos deseos inconscientes de muerte del ser querido, suceden a nivel de la personalidad, repito, son lo más humano y natural. Por suerte nuestra alma siempre nos acompaña, nunca estamos solos. Y es a nivel del alma donde siempre está la oportunidad de volver a conectar con lo esencial. Reconciliarnos con el amor que sentimos, rendir nuestro ego y decir "lo siento, me creí tan buen hijo o buena hija, que la vida me puso en mi lugar al perderme de esta manera". Nos ponemos en riesgo al creernos tan buenos.

Todos estamos expuestos y podemos pasar por ahí. No hay manera de no caer. Nuestro ego nos dice a menudo "lo buenos que somos".

Hay otra posibilidad. Tomar cuando doy. Aceptar que con lo que doy me llevo mucho más de lo que estoy dando. Siempre es así. Cuando lo que doy, lo doy libremente, en la medida en que yo decido y con ganas, los regalos llegan por todas partes. Este es el movimiento interior: "Cuando doy con ganas lo que doy estoy recibiendo mucho más de lo que doy".  No soy en ningún sentido víctima abusada, explotada o no vista. Recibo en una proporción mayor a la que doy. Pero para dar con ganas es importante no dar bajo la autoimposición ni la soberbia moral de "ser muy bueno" o "mejor que los otros".

En otro grado de intensidad esto se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida, cuando quiero ser muy buen padre o madre, muy buen empleado, muy buen responsable de equipo, muy buena pareja, etc. Estoy poniendo mi alma en  peligro porque al hacer la carga demasiado pesada estoy en riesgo de desconectarme del amor que me une a la persona amada, a mis hijos, a mi equipo, a mis clientes o a ese proyecto profesional. ¡Cuidado!

 

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