La jubilación, ¿un sueño o una pesadilla?

Para algunas personas la jubilación es el momento que han estado esperando toda su vida para poder disfrutar de su tiempo libre, sus aficiones y la familia. Para otras, sin embargo, supone tal cambio en sus rutinas, que la adaptación les resulta casi imposible.

 

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Patricia Lanza
miércoles, 21 de abril de 2010

 

Estamos actualmente en un momento en el que el tema de la jubilación resulta especialmente polémico por la propuesta del Gobierno de retrasar la edad para acceder a esta situación. Las opiniones son variadas al respecto, pero más allá de los temas político, económicos y sociales implicados, se plantea una pregunta mucho más personal sobre cuáles son las expectativas que cada uno nos hemos planteado frente a la jubilación.

 


Las quejas de muchas personas sobre este retraso en la edad de jubilación surgen, sobre todo, de la percepción que cada uno tenemos sobre cómo nos encontraremos en ese momento. Muchas personas piensan que no estarán en condiciones de enfrentarse adecuadamente a los retos de la vida laboral a partir de los 65 años. Otras, por el contrario, han llegado a esa edad, la han superado y lo que les gustaría es poder seguir en la brecha durante mucho tiempo más.

En cualquier caso, lo que está claro es que la jubilación supone un cambio brusco en la vida de las personas. Son muchos los cambios que se producen:

  • Sociales: ya no se tiene contacto con los compañeros a diario ni se tiene el trabajo como tema de conversación.
  • Familiares: se dispone de las 24 horas para estar con la familia, y se pasa de a penas ver a la pareja, a la posibilidad de estar todo el día con ella.
  • Personales: tomamos conciencia de la edad que tenemos
  • Económicos: los ingresos disminuyen
  • Organización personal: dejamos de tener una vida estructurada en cuanto a horarios, para disponer de un montón de tiempo para el ocio.
  • Profesionales: mucha de nuestra autopecepción proviene de nuestro papel como profesionales. Una vez que dejamos de trabajar, esa identidad pierde sentido.

Atchley (1975) identificó las etapas por las que pasa una persona en su adaptación a la situación de jubilación:

  • Fase de prejubilación: a lo largo de toda nuestra vida laboral vamos creándonos expectativa sobre cómo será la jubilación y qué cosas podremos hacer entonces.
  • Fase de jubilación: en esta fase pueden darse tres situaciones:
    • Luna de miel: una vez llegado el momento, intentamos poner en práctica los objetivos que planificamos (qué vamos a hacer ahora que tenemos tiempo, cuándo, cómo...). Tenemos un montón de planes.
    • Continuidad con las actividades de ocio: personas que tenían ya aficiones y realizaban actividades y ahora se limitan a dedicarles más tiempo.
    • Descanso: al contrario que en el caso de la luna de miel, la jubilación supone una ruptura brusca con todas las actividades y se produce un importante parón.
  • Fase de desencanto: algunas personas sienten que esas expectativas no se han cumplido, que "la vida después del trabajo" no era tan idílica como se habían planteado.
  • Fase de reorientación: después de ese desencanto inicial, las expectativas se vuelven más realistas y somos capaces de reorientar nuestros objetivos.
  • Fase de estabilización: se consigue el juste entre las expectativa y la realidad y comenzamos a disfrutar realmente.

Lo que se ha visto en varios estudios posteriores es que no todo el mundo pasa por todas las etapas ni en el mismo orden, y que estas etapas también tienen una duración distinta en función de cada persona.

De este modo, hay factores personales, sociales y emocionales que facilitan o interfieren en la adaptación a la situación de jubilación como, por ejemplo:

  • El sexo: las mujeres parecen estar más satisfechas en la jubilación por varios motivos, como el mantenimiento de la actividad por su papel en el trabajo doméstico, que sigue superior; la mayor esperanza de vida, etc.
  • El apoyo social: que facilita la adaptación
  • El nivel de ingresos económicos durante la jubilación: que si son considerados apropiados, mejoran la satisfacción.
  • La planificación: as personas que han planificado sus actividades se sienten mejor.
  • El nivel educativo: cuanto mayor es, mejor adaptación.
  • El motivo de jubilación: si ha ocurrido repentinamente o por un motivo negativo (un ERE no deseado, por ejemplo), es más difícil aceptarlo.
  • La salud: cuanto más sano se está, mejor es la adaptación.

Lo que está claro es que, aparte de algunas variables que no dependen de nosotros, hay otra seria de acciones que podemos ir planificando con tiempo para mejorar nuestra adaptación a esta situación que, antes o después, debería llegar.

Buscarnos aficiones que puedan llenar el tiempo, cultivar relaciones sociales fuera del entorno laboral, planificar económicamente los ingresos que obtendremos... son factores que pueden hacer de nuestra jubilación uno de los mejores momentos de nuestra vida.

 

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