Bendita negatividad

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David Fernández
miércoles, 25 de noviembre de 2015

 

Vivimos en una época que trascurre a toda velocidad en donde, frecuentemente, la prontitud en la toma de decisiones y el ser positivos son valores premiados y respetados por todos y se considera que ayudarán a que todos los proyectos que se desarrollen lleguen a buen puerto.

Por desgracia, cuando éstas situaciones potencialmente buenas, se llevan al extremo pueden convertir al remedio en algo peor que la enfermedad.

Cuando esa rápida capacidad de reacción impulsada por un ataque de positividad se convierte en un simple acto visceral, sin un momento de reflexión que nos guie y nos permita hacernos conscientes de los peligros a los que podemos enfrentarnos, de las cosas que pueden salir mal, de los aspectos donde deberemos estar más pendientes, podemos convertir una buena idea en un verdadero desastre.

Y es que en ciertos momentos podemos percibir ciertos movimientos como atrevimiento, valentía o seguridad en uno mismo, pero puede estar dirigido en cambio por un desconocimiento de la situación, por no haber sabido contemplar todos los posibles escenarios.

No es una mala opción, ni mucho menos el que en cada equipo haya una gran actitud crítica como grupo, o que incluso alguien adopte ese papel de "Pepito Grillo", en algunos casos. A ese miembro del equipo se le podrá tildar de negativo, pero nunca de traidor, y es que siempre es preferible oír todas las voces y poderse preparar para las situaciones más complejas.

El Premio Nobel de Literatura José Saramago decía: "¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para adultos?, ¿seríamos realmente capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos enseñando...?"

Haciendo caso al gran escritor, seguramente, ésta antigua fábula china pueda ayudarnos a reflexionar sobre la importancia de escuchar aquellos consejos que muchas veces no deseábamos oír.

Ilustración de la fábula de la chimenea

 

Un hombre que pasaba frente a la casa de un amigo notó que la chimenea era recta y que una pila de leña había sido colocada cerca de la estufa.

- Es mejor que construya otra chimenea con un codo - advirtió al dueño de casa - y aparte esa leña; de otra manera puede provocarse un incendio.

Pero el dueño de la casa no hizo caso del consejo.

Tiempo después la casa se incendió; pero por fortuna los vecinos ayudaron a apagarla. Entonces la familia mató un buey y preparó vino para expresar sus agradecimientos a los vecinos. Aquellos que habían sufrido quemaduras fueron colocados en los puestos de honor; y el resto, de acuerdo a su mérito; pero no se mencionó al hombre que les había aconsejado construir una chimenea nueva.

- Si Ud. hubiera aceptado el consejo de aquel hombre - recordó alguien al dueño de la casa -, se habría ahorrado los gastos del buey y del vino y habría evitado el incendio. Ahora está Ud. agasajando a sus vecinos para agradecerles lo que hicieron, pero, ¿es justo olvidar al hombre que le aconsejó reconstruir la chimenea y apartar la leña, mientras trata a aquellos que sufrieron quemaduras como huéspedes de honor?

El anfitrión se dio cuenta de su error e invitó al hombre que le había aconsejado correctamente.

 

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