KINTSUGI, el arte de la resiliencia

Kintsug, es el término japonés que designa el arte de reparar con laca de oro o plata objetos de cerámica rotos.

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Nuria Fernández López
lunes, 02 de junio de 2014

Normalmente cuando nos acercamos a los pensamientos que derivan de la filosofía oriental, nos encontramos una realidad construida sobre lo más elemental y simple de los valores y principios que deben regir y gobernar el comportamiento humano y las relaciones entre los hombres, de una forma tan abrumadoramente clara, que quedamos rendidos ante su simplicidad y profundidad, al menos en mi caso.

El kintsugi o kintsukuroi es una técnica japonesa originaria del siglo XV que consistía en unir, usando una laca especial y polvo de oro, las piezas rotas de un objeto de cerámica, cristal, porcelana u otros materiales, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto. Concebida como una forma de devolver a la vida los objetos rotos. Cuando los japoneses reparan objetos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro.

Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.

La aceptación de lo inevitable, la imperfección, la mutabilidad, el reconocimiento de que las cosas son siempre incompletas, el descubrimiento de la belleza en la fealdad, lo conmovedor en los defectos, está en el trasfondo de esta filosofía.

Si trasladamos este concepto al terreno de lo humano, esta filosofía nos deja una enseñanza inusual y muy poco arraigada en la cultura occidental, donde tenemos bastantes dificultades para percibir y no digamos ensalzar, la belleza y transcendencia de lo roto, estropeado, feo, erróneo, etc.

La idea de no ocultar la imperfección, al contrario, ensalzarla como una manera de enfocarse a la lucha y la superación, resulta muy reveladora. No sentir vergüenza por el error, o el fracaso, al igual que la cerámica rota se hace más fuerte después de la reparación, también nuestros errores y fracasos suelen hacernos más fuertes. En el fondo es una filosofía que conecta muy bien con el concepto de resiliencia.

Resulta una gran enseñanza, en esencia la idea de no sentir vergüenza o miedo por los errores, fracasos, equivocaciones, sino al contrario, orgullo por la fortaleza que supondrá la superación y el afrontamiento de esas dificultades.

El problema radica en que culturalmente esta filosofía está muy alejada de lo que en nuestro mundo se premia y reconoce. A todos nos iría mucho mejor si consiguiéramos liberarnos del peso que supone el miedo al error, a la equivocación y en su lugar, consiguiéramos aceptarlos como una parte natural y positiva del proceso de aprendizaje, superación y mejora.

Como dice mi hija pequeña. “es mejor equivocarse, porque así aprendes más”.

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