Los demás, aunque nos pese, pueden conocernos mejor que nosotros mismos

La imagen completa de cómo es una persona requiere tanto la propia perspectiva de la persona como la perspectiva de otros que la conocen bien.

(Simine Vazire y Erika N. Carlson de la Universidad de Washington)

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Nuria Fernández López
martes, 28 de abril de 2015

"A Simine Vazire y Erika N. Carlson de la Universidad de Washington (EE.UU.) en un interesante artículo nos proponen que "a veces, los demás nos conocen mejor que nosotros mismos."

Todos solemos pensar que ¿quién nos va a conocer mejor que nosotros mismos?. Sin embargo,  y conjuntamente con esta idea, todos también conocemos a personas que se engañan a sí mismas, que la idea que tienen de sí, dista mucho de la que su entorno tiene de ella, así que, ¿no es posible que a cada uno nos pase un poco esto? No es posible que nos engañemos un poco pensando mejor de lo que somos, o incluso al contrario, pensando peor de lo que somos.

Al parecer cuando se trata de autoanálisis, autojuicio y autocrítica, cada vez hay más evidencia de que nuestros puntos ciegos son considerables.

El objetivo del trabajo de Simine Vazire y Erika N. Carlson es revisar la evidencia más reciente en relación a la precisión,  de la auto percepción de la personalidad y la percepción de los otros,  y demostrar que la imagen completa de cómo es una persona requiere tanto la propia perspectiva de la persona, como la perspectiva de otros que la conocen bien.

Los siguientes dados son un extracto del artículo de las autoras citadas.

Querer afirmar y mejorar nuestra autoestima es uno de los motivos de mayor distorsión en la autopercepción. Todos buscamos proyectar hacia el exterior y el interior la mejor imagen de nosotros mismos. Este conocimiento interesado influye y distorsiona la autopercepción, provocando y manteniendo puntos ciegos en nuestro autoconocimiento. Las investigaciones sobre discrepancias entre las percepciones explícitas e implícitas de las personas sobre su propia personalidad son un ejemplo de ello. La mayor parte de los estudios suelen mostrar discrepancias entre la personalidad implícita, que se mide normalmente por la asociación automática que las personas hacen de ellas mismas con rasgos específicos o comportamientos y las mediciones conscientemente explicitas en pruebas de personalidad. Las pruebas implícitas suelen ser predictores de comportamiento más fiables que los rasgos manifestados  conscientemente en mediciones explícitas de personalidad. Nuestras autopercepciones conscientes proporcionan una incompleta perspectiva sobre nuestra personalidad.

Otros de los hechos que evidencian que los demás pueden disponer de valiosa información con respecto a nosotros, es que revelamos nuestra personalidad deliberada e indeliberadamente a través de la música que escuchamos, las cosas que nos gusta hacer, qué leemos, cómo decoramos nuestra casa, nuestros hobbies, etc. Estos hallazgos muestran que somos agudos conocedores de las personalidades de los demás, probablemente debido a la importancia de la percepción interpersonal para nuestra especie social. En consecuencia, los demás, especialmente aquellos que pasan mucho tiempo con nosotros y con los que nos sinceramos, se convierten casi inevitablemente en expertos en nuestra personalidad.

Vazire (2010) propuso que tenemos mejor información de nosotros mismos que los demás para juzgar rasgos internos, rasgos principalmente definidos por pensamientos y sentimientos, pero que los demás tienen mejor información para juzgar rasgos externos, rasgos principalmente definidos por la conducta manifiesta.

Existen evidencias de que las personas cercanas podrían tener impresiones más positivas sobre nosotros de las que tenemos, pero que sus percepciones son aun así más precisas. Los hallazgos sugieren que los que nos conocen bien a veces ven cosas que no vemos en nosotros mismos, sobre todo cuando se trata de aspectos de nuestra personalidad que pueden ser apreciados por los demás y a los que no prestamos atención.

La idea más interesante que plantea el artículo es que para conocer la personalidad de alguien, tenemos que saber tanto la manera en que se ve a sí mismo como la manera en que le ven otras personas que le conocen bien. El hecho de que la autopercepción sea una parte importante de la personalidad no es algo nuevo; el nuevo descubrimiento es que los demás saben muchas cosas acerca de nosotros que desconocemos. Parece que somos algo conscientes de cómo nos ven los demás, pero no siempre hacemos uso de esa información para juzgar nuestra propia personalidad. Y esto nos lleva a que  es posible que podamos mejorar nuestro autoconocimiento dando más importancia a nuestras impresiones acerca de cómo nos ven los demás, especialmente, cuando se trata de rasgos evaluativos observables (por ejemplo: ser divertido, desordenado,  etc.). Estudios recientes han planteado que la autoafirmación reduce las respuestas defensivas y nos hace más receptivos a la información negativa sobre nosotros.

La parte más interesante de este debate sobre quien nos conoce mejor, nosotros o los demás, está desde mi punto de vista, es comprender que  la autovaloración y la valoración de los demás reflejan en muchas ocasiones aspectos redundantes, pero en otras muchas aspectos diferentes, y en la atención y reacción a esta desviación está nuestra capacidad de aprendizaje y mejora personal.

 

 

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