La fragilidad no nos hace débiles

“Muchas organizaciones se deshumanizan porque no pueden aceptar ser vulnerables”

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Nuria Fernández López
martes, 31 de mayo de 2016

Podríamos establecer como  principio universal la tendencia general del ser humano a huir  de la propia fragilidad y evitar aquello que de  alguna  manera  nos impida mostrarnos más fuertes  de lo que realmente somos (disculpas, muestras afectivas, actos  de sensibilidad o incluso, empatía).  El error  radica básicamente en que ésta actitud  nos impide mostrarnos de forma  genuina, cualidad  enormemente  valorada  y  reconocida  por  quienes  nos  rodean y que aporta  un valor  realmente diferencial a las relaciones humanas.

En un sentido  metafórico  podemos entender que las personas  somos como el cubo de Rubik, uno todo formado por distintas caras. A veces mostramos una  y en otras ocasiones mostramos  otra, pero ello no nos hace personas distintas. Con  frecuencia  nos empeñamos en presentar una única cara,  nos empeñamos en exhibir lo que no somos. Es precisamente esto  lo que sucede  con  las  partes que entendemos  más emociones de nuestro comportamiento  y que pueden presentarnos  como más vulnerables o "débiles", tendemos a ocultarlas dejando ver sólo una única cara, ocultando las demás.

Brené Brown, speaker y profesora de la Universidad de Houston, en los últimos doce  años ha estado involucrada en la investigación sobre  una serie de temas bastantes interesantes incluyendo la vulnerabilidad, el coraje, la dignidad y la vergüenza. En sus estudios sobre vulnerabilidad plantea que cuando nos inmunizamos para no sentir emociones negativas, también nos inmunizamos para sentir las positivas. Por ello, y aunque  nos  cueste, "el camino para  aceptarnos pasa por admitir nuestros miedos y la vergüenza de que los otros vean algo de nosotros mismos que rechazamos".

Tenemos una gran tendencia a confundir fragilidad con debilidad. Mientras que la fragilidad convive en un continuo con la fortaleza,  la debilidad  es una cuestión más psicológica relacionada con la actitud de afrontamiento. La fragilidad no es algo negativo, implica asumir la posibilidad de rotura en un momento determinado, sin embargo la debilidad es una actitud de derrota.  El ser humano es un ser  falible,  pero la confusión entre debilidad y fragilidad lleva en muchas ocasiones a querer ocultar aquellas  caras de nuestro  cubo que muestran nuestra  "esencia falible", que no debilidad.

Aceptar que  somos seres  vulnerables  implica  aceptar que las cosas pueden dolernos, que podemos caer, incluso rompernos pero que, al mismo tiempo, somos capaces de levantarnos.

El auténtico desafío para el ser humano  pasa por aprender a aceptarse con todos los primas de su personalidad, a veces, grande y exitoso; otras, pequeño y frágil. Personas no perfectas, con defectos e inseguridades que no necesitan seguridades artificiales para ser queridos, respetados, aceptados, valorados y reconocidos.

Una de las cualidades que más valoramos en los demás es su genuinidad, que no es otra cosa que la capacidad de mostrarnos ante otros con transparencia, sinceridad, nobleza, sin falsedades, engaños ni seducciones artificiales.

 

 

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