El síndrome de la rana hervida

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Nuria Fernández López
martes, 22 de noviembre de 2016

"Imaginemos una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana, esto le parece bastante agradable, y sigue nadando.

La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta, y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas debido al esfuerzo de ir adaptándose a la subida de la temperatura, así que se limita a aguantar, a tratar de adaptarse y no hace nada más.

Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo por salir de la cazuela.

Si la hubiéramos sumergido de golpe en una cazuela con el agua a 50 grados, de una sola zancada ella se habría puesto a salvo, saltando fuera del recipiente."

Esta fábula de Olivier Clerc que hace referencia a lo peligroso que resulta el conformismo y la sobre adaptación, se verificó experimentalmente y se comprobó que efectivamente si se calienta el agua a 1,2 grados cada hora, la rana permanece dentro del agua y finalmente morirá. Para Olivier Clerc  "esto demuestra que, cuando un cambio viene de un modo suficientemente lento escapa a la conciencia, y no provoca en la mayor parte de los casos ninguna reacción, ninguna oposición, ninguna revuelta".

Ejercemos de "rana hervida"  cuando nos adaptamos  consciente o inconscientemente a situaciones,  personas o relaciones que resultan claramente  perjudiciales, ya sea porque nos dañan de forma directa o porque nos bloquean e impiden avanzar o evolucionar.

Es posible que en nuestro entorno podamos identificar  a personas que nunca se quejan, que se adaptan a todo, que todo les parece bien, esto que a priori puede resultar una cualidad admirable , puede estar ocultando un "síndrome de rana hervida".

Obvio que este comportamiento, que podría ser visto como una gran  capacidad de adaptación y gestión  de las situaciones nada tiene que ver con ello. Estas conductas más que adaptativas son sumisas y no deben ser  vistas como una virtud.

En el síndrome de la rana hervida la persona ha dejado de respetarse, de escucharse, de hacer caso a sus propias necesidades, ya que no se sienten capaces de enfrentarse a la realidad de una situación que les da miedo o les resulta dolorosa. 

El miedo, la incertidumbre, la comodidad, la inseguridad, la falta de asertividad, una baja autoestima son algunas de las emociones que nos hacen permanecer dentro del cazo. Así como también quitarle importancia a cosas, engañándonos con pensamientos del tipo: "no vale la pena" o "no sirven para nada", creer que "esto es lo que toca", que no existe otra salida, ni otra opción, pensar que "más vale lo malo conocido..."

Al igual que en la fábula, el agua se va calentando poco a poco, lo suficientemente lento como para que  no nos demos cuenta, la rana, o sea nosotros, nos  vamos adaptando  a la subida de temperatura, por lo general las situaciones se transforman de manera muy lenta y paulatina y es complicado detectar el momento en el que empiezan a cambiar, hasta que nos encontramos con que el agua está hirviendo y en ese momento saltar del cazo, es bastante complicado.

Para evitar el síndrome de rana hervida debemos:

  • Escucharnos, estar atentos a lo que sucede dentro y fuera de nosotros nos hará darnos cuenta de que "el agua se está calentando".
  • No percibir que la adaptación es una virtud es si misma, no siempre es adecuado adaptarse; hay que aprender a distinguir cuando lo hacemos por miedo o por comodidad.
  • Estar vigilantes con el autoengaño, no  crear falsas expectativas  que nos permitan construir una realidad "irreal".
  • No aguantar situaciones con la esperanza de que el futuro sea diferente,  por el qué dirán o por comodidad.
  • Cuando la situaciones no nos convenzan atrevernos a dar el salto.

Aunque no sea posible cambiar las circunstancias porque a veces no está en nuestras manos, siempre podemos enfrentarnos a ellas, tomar conciencia de cómo nos influyen y adoptar las medidas necesarias para vivirlas de la forma más sana y consciente posible.

 

 

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