Mitomanía: adicción a mentir.

Mitomanía: trastorno psicológico que lleva a la persona a mentir y distorsionar la realidad de forma compulsiva.

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Nuria Fernández López
martes, 28 de noviembre de 2017

La diferencia entre el mentiroso y el mitómano radica en que el primero inventa mentiras para protegerse, mientras que el mitómano miente sin intención de engaño, su principal motivación es construir una realidad falsa para darse importancia.

El término “mitomanía” hace referencia a un trastorno psicológico, por el cual la persona que lo padece muestra adicción a mentir. El verdadero fin del mitónamo es deformar la realidad para contar una historia personal que le convierta en centro y protagonista.

El adicto a mentir, no puede dejar de hacerlo, ha convertido la mentira en la forma que tiene de comportarse y relacionarse con los demás, sintiéndose inseguro  si no adorna la verdad con mentiras que a  oídos de quien le escucha le hagan más interesante.

El psiquiatra francés E. Dupré, en 1905,  definió el término mitomanía como: "una tendencia patológica a inventarse episodios de la propia vida”. El mitómano vive en una fabulación constante exagerando sus capacidades, logros y vivencias, en sus distintos ámbitos vitales. Tienen una necesidad enfermiza de sentirse el centro de atención y por ello fabula realidades que jamás han ocurrido. Recurre a la mentira para sentirse importante, es su forma de llamar la atención. Exagerando o inventando anécdotas o historias obtienen el interés de quienes le rodean. El mitómano siente una profunda necesidad de admiración, de aprobación. El mitómano suele ser una persona convincente, con un discurso verosímil aunque a veces un tanto histriónico, con grandes dotes para la actuación y para la manipulación, y es frecuente que cambien de versión dependiendo de quién les escuche.

La fabulación la realizan de forma inconsciente para construirse una mejor imagen frente a los demás o frente a sí mismos. Por lo general, como no tienen mala intención, no suelen pensar en las consecuencias, y aunque, a pesar de que cuando elaboran una nueva mentira saben que mienten, llegan a acabar creyéndose sus propias historias.

Lo más sorprendente es que acaban mezclando realidad con fantasía sobre detalles de su trabajo, su vida, su edad, su salud, detalles sobre los que en realidad no habría necesidad de falsear, pero dependiendo de los casos, es tal la necesidad de exagerar y el mundo que crean que la mentira se acaba convirtiendo en su propia realidad. 


 

Algunos ejemplos famosos:

  • En Mayo de 2005, los medios de comunicación se hicieron eco de uno de los casos de mitomanía más espectaculares de los últimos años: Benito Bermejo, experto en historia contemporánea, destapó la gran mentira de Enric Marco, nacido en Barcelona en 1921, quien a lo largo de 30 años estuvo contando su dramática, a la vez que falsa, reclusión en el campo nazi de concentración situado en Flossenbürg. Durante todos los años que mantuvo su mentira, Marco llevó a cabo una intensa labor como conferenciante, relatando sus totalmente ficticias vivencias en campos de concentración del III Reich. Su intensa labor divulgativa le llevó incluso a presidir la asociación Amical Mauthausen, formada por supervivientes del exterminio nazi, y a recibir la Cruz de Sant Jordi, máxima distinción otorgada por el Gobierno catalán. Descubierto, Enric Marco justificaba su engaño, su gran mentira, argumentando que no lo hizo “por maldad”, sino porque así se le prestaba más atención y “podía difundir mejor el sufrimiento de quienes pasaron por los campos de concentración”, con quienes estaba muy sensibilizado…
  • Mary Baker (1817), se hizo pasar por la Princesa de Caraboo, una isla de la Polinesia. Al poco tiempo huyó al ser descubierta por personas que sabían su verdadera identidad.
  • Anna Anderson (1920), proclamaba ser la hija más joven del difunto Zar Nicolás II de Rusia, Anastasia Romanov. Pero en 1927 se demostró que en realidad era Franziska Schanzkowska, una obrera polaca que padecía varias enfermedades mentales.
  • Richard Adams Locke (1835): aseguró  haber descubierto nuevas especies en la superficie de la Luna, como unicornios azules, grandes bichos-bola y seres humanoides con alas, cuando le pidieron pruebas declaró que su telescopio se había estropeado.
  • Ferdinand Demara: conocido como 'El Gran Impostor', se hizo pasar por cirujano, abogado, ingeniero civil, monje, maestro, psicólogo, alguacil, investigador médico de cáncer y guardián de prisión, entre otros.
  • Frank Abagnale Jr.: antes de cumplir 20 años ya había fingido se abogado, médico, aviador y agente del Servicio Secreto de los Estados Unidos; sus fraudes reportaban ganancias de 2.5 millones de dólares en 26 países diferentes, convirtiéndose en uno de los delincuentes más buscados.

 

 

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