Peor sería no tenerlo

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Patricia Lanza
viernes, 27 de septiembre de 2019

 

En estas fechas en las que ya han pasado las vacaciones y prácticamente todo el mundo se ha reincorporado a sus puestos es cuando más se habla del famoso "síndrome postvacacional". Sin entrar en la polémica sobre si este trastorno realmente existe o es una invención de una sociedad que se ha vuelto excesivamente "quejicosa", la realidad es que muchos hemos experimentado un mayor o menor grado de disgusto por tener que volver a la rutina y dejar los días de asueto atrás.

En medio de esa sensación de malestar nuestro único consuelo es pensar que "peor sería no tener trabajo al que regresar". Y es así porque está demostrado científicamente que la situación de desempleo es una de las que más negativamente puede afectarnos a nivel físico y psicológico. Ansiedad, insomnio, problemas cardiovasculares, depresión, irritabilidad, trastornos digestivos, incremento de conductas adictivas... son sólo algunas de las consecuencias asociadas a la falta de empleo.

Y es que, en esos momentos en los que todo son conflictos y "marrones" en el trabajo es difícil verlo así, pero tener un puesto de trabajo supone disponer de unos enormes beneficios para nuestro bienestar físico y psicológico por las implicaciones emocionales y sociales que conlleva.

Por si tienes un mal día en la oficina, por si hoy te ha costado levantarte pensando en lo que te estaba esperando en tu puesto de trabajo o por si te cuesta encontrar la motivación para acabar todas las tareas que tienes pendientes, te damos algunas claves de por qué trabajar te viene mejor de lo que parece.

  • Te proporciona una estabilidad económica que te genera cierta tranquilidad ante las inevitables demandas de la sociedad. Pagar la hipoteca, la letra del coche, tener la nevera llena, poder irte de vacaciones... todas esas cosas que en mayor o en menor grado necesitas para sobrevivir en el mundo de hoy en día te las proporciona el sueldo que recibes a fin de mes.
  • Te marca unos ritmos que, aunque a veces parecen frenéticos, son más beneficiosos de lo que parecen. Los horarios nos marcan pautas, nos establecen rutinas y nos ayudan a organizarnos y tener unas metas concretas que cumplir. De otro modo, nos vamos dejando y hasta las funciones más básicas se acaban alterando (sueño, comidas...).
  • Favorece tu integración social: te ofrece la oportunidad de interaccionar con distintas personas y te proporciona un lugar en la sociedad, ampliando nuestra red más allá de familiares y amigos.
  • Te ofrece la oportunidad de desarrollarte, poniendo en marcha tus conocimientos y habilidades y permitiéndote crecer continuamente. Aprender nuevas competencias, desarrollar tu capacidad de comunicación, mejorar las habilidades interpersonales... Son algunas de las cosas a las que te obliga mantenerte empleable.
  • Te proporciona una identidad y un estatus. Quizás no somos muy conscientes de ello, pero esto se nota especialmente cuando nos quedamos sin trabajo y, entonces, nos cuesta definir quiénes somos porque, al final, somos lo que hacemos. Por lo tanto, nuestra autoestima depende en gran medida de nuestro trabajo.

Visto así, ¿no te resulta un poco más llevadera la vuelta? Si no te hemos conseguido convencer sólo nos que da recordarte que antes de que te des cuenta estarás de vacaciones otra vez. ¡Ánimo!

 

 

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