La vuelta al cole más difícil

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Patricia Lanza
miércoles, 08 de septiembre de 2021

 

Llega septiembre y, con un alto porcentaje de la población ya vacunada, las empresas se plantean el regreso a las oficinas. Habrá muchas versiones de vuelta: desde retomar el cien por cien de presencialidad a las que sigan con el teletrabajo total o en gran parte, dejando las oficinas solo como lugar de reunión esporádico.

Como siempre, hay gustos para todo. Muchas personas están deseando que llegue el momento, hartas de estar todo el día metidas en casa. Las estadísticas indican que son las mujeres con hijos las que más están esperando esta vuelta porque, a pesar de todo, siguen siendo las que asumen más tareas domésticas y de cuidado de los hijos y volver a la oficina les ofrece cierto respiro. En el lado opuesto están las personas que pensando que el teletrabajo venía para quedarse, se han comprado casas a las afueras (a veces, muy afuera) o se han agenciado un perro. Ahora se enfrentan a la situación de pasar largas horas en la carretera y a ver cómo se organizan con el animalito para sacarle a tiempo y que la ansiedad de separación no haga estragos en sus casas.

Lo que está claro es que España sigue siendo un país donde prima la presencialidad frente al trabajo por objetivos. Aunque algunas empresas más punteras habían apostado ya antes de la pandemia por el teletrabajo en la totalidad o gran parte de la jornada en los puestos donde es posible llevarla a cabo, la gran mayoría no lo veía con buenos ojos. La situación obligó a todo el mundo a aceptarlo, incluso cuando no se estaba preparado para ello debido a las reticencias previas. Pero de un día otro, la cosa cambió y no hubo más remedio. Y pese a las dificultades iniciales, sobre todo técnicas, el tiempo demostró que era posible el teletrabajo y que el rendimiento tampoco se veía tan resentido como se esperaba. Pero, aunque muchos piensan que el teletrabajo ha venido para quedarse, yo no creo que vaya a ser así, al menos no en un gran porcentaje de empresas.

Sea como fuere, la realidad es que después de año y medio de teletrabajo, las nuevas costumbres se tienen que modificar y hay que centrarse en las condiciones de la vuelta. La vacuna da cierta tranquilidad, pero no evita el contagio. Las medidas de prevención como el uso de mascarilla y el distanciamiento se tendrán que seguir manteniendo y hay que ver cómo responden las empresas y los trabajadores a estas nuevas normas de funcionamiento. Son muchos retos a los que nos enfrentamos tanto individualmente como desde el punto de vista empresarial. Entre otros:

  • Cambios de hábitos adquiridos en los últimos meses (horarios, ejercicio, comidas...).
  • Ajustes de horarios entre la presencialidad y el teletrabajo.
  • Conflictos entre las personas más relajadas en las medidas frente a los que siguen teniendo miedo.
  • Posibles brotes en departamentos o centros de trabajo completos que dejen a todo el personal KO durante días.

Lo cierto es que la pandemia ha puesto en auge más que nunca el concepto de resiliencia y nuestra capacidad para adaptarnos rápidamente a los cambios y exigencias de las situaciones que se nos presentan es un imperativo para todos. El esfuerzo de las empresas y de las personas que las integran para adaptarse va a ser muy grande. Por ese motivo, la negociación, la flexibilidad y dotar a los individuos de habilidades de afrontamiento es vital para lograrlo con éxito. Bastantes bajas hemos tenido ya.

 

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