Cosas insignificantes

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Patricia Lanza
viernes, 28 de marzo de 2014

 

A veces perdemos la perspectiva. No es que los árboles no nos dejen ver el bosque, es que olvidamos que el bosque no es más que la suma de muchos árboles. Que sin los árboles estaríamos ante otro paisaje. Desde luego, no ante un bosque.

Y es que la mayoría de las cosas en la vida no dejan de ser la suma de muchas otras. Granito a granito hacemos una montaña. Y, sin embargo, tenemos una gran facilidad para despreciar los granitos. Por poco importantes, por insignificantes.

La supuesta insignificancia de un acto nos impulsa muchas veces a justificarlo. No pasa nada porque yo ..... (tire un papel al suelo, aparque en doble fila, no devuelva un libro a la biblioteca, porque no recicle...). Es una cosa insignificante. Soy sólo una persona entre un millón. Ahora, que si el millón acaba haciendo lo mismo porque sigue el mismo razonamiento... ¿Con qué nos encontraríamos?

Y, claro, el pensamiento es el mismo cuando resulta necesario cambiar las cosas. ¿Qué voy a hacer yo, si sólo soy una persona insignificante? Una persona no puede cambiar nada. Si somos sólo un granito de arena. Y olvidamos que sólo a base de granitos de arena se crean las montañas. Pero: "Si crees que eres demasiado insignificante para cambiar nada, intenta dormir con un mosquito en tu habitación".

 

 

De este modo, obviando algo por pequeño perdemos la oportunidad de tantas cosas: de cambiar, de impulsar el cambio, de disfrutar más y hacer la vida más agradable a los que nos rodean...

"Dicen que la felicidad es un instante, ¿pero acaso la vida no es la suma de instantes?" decía José Narosky. Y conseguir instantes de felicidad no es tan complicado como pensamos. De hecho, el otro día leía un blog en el que se había preguntado qué cosas podían hacerte el día mejor. Y eran cosas sencillas, pequeñas, insignificantes: que alguien te abriese la puerta, que te dijeran que le hecho sonreír, que te dedicaran unos minutos a escucharte... Pequeños gestos cotidianos. Pero, ¿cuántas veces nos ha alegrado el gesto de alguien que nos rodea, le conozcamos o no? Un simple "gracias" no esperado, una sonrisa franca, alguien que te sujeta la puerta o que te brinda su ticket de la hora porque le ha sobrado tiempo... Gestos pequeños pero con un gran impacto en el otro.

Así que aunque es importante tener en perspectiva el bosque, para nuestro día a día es más importante centrarnos en los árboles. Valorar y disfrutar los pequeños gestos y recordar que lo insignificante puede no serlo tanto.

 

 

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