Aprendiendo de lo absurdo

Científicos y estudiosos de diversas disciplinas nos demuestran que preguntas absurdas generan desarrollo, aprendizaje y, sobre todo, un rato de diversión.
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Patricia Lanza
viernes, 05 de febrero de 2010
Las personas que trabajamos en formación sabemos que un escollo con el que se encuentra muchas veces el aprendizaje es el pudor a preguntar. Todos nosotros, tanto en el papel de alumnos como de formadores, nos hemos visto en la situación en la que se evita hacer una pregunta por eso de considerarla "tonta". Cuántas veces ante una laguna de conocimiento o la incapacidad de comprender un razonamiento, el pensamiento que se ha cruzado por nuestra cabeza ha sido: "?Cómo voy a preguntar eso? Van a pensar que soy tonto".

También hemos oído muchas veces eso de: "No hay preguntas tontas, sólo tontos que no preguntan". Pero esa afirmación no nos ayuda mucho a la hora de lanzarnos a descubrir nuestra duda. Y, realmente, ?eso es así?

Dejando la discusión aparte sobre si hay o no preguntas que de por sí puedan ser más o menos tontas, lo que está claro es que una duda sin resolver, una laguna de conocimiento o en un razonamiento es un escollo para el aprendizaje y, por tanto, para el desarrollo.

Delimitar qué preguntas son buenas, inteligentes, adecuadas. es sólo cuestión de opinión o, como mucho, del contexto. Y como para muestra, lo mejor un botón, veamos un ejemplo de preguntas "absurdas" que no sólo han sido planteadas públicamente, sino incluso investigadas científicamente. A esto se dedica el Improbable Research.

El Improbable Research es una organización que se dedica a llevar a cabo o recopilar investigaciones que, como ellos mismos dicen, "primero nos hacen reír, y luego pensar". Su objetivo es despertar la curiosidad de las personas, haciendo que se pregunten: "?Qué es importante y que no?, ?Qué es real y qué no?", tanto en la ciencia como en cualquier otro ámbito.

El Improbable Research, publica revistas, columnas en periódicos, blogs, programas de televisión, etc. y otorga anualmente los premios Ig Nobel. Estos premios se resuelven en las mismas fechas que los originales Nobel y son copatrocinados por varias sociedades que llevan la palabra Harvard en su denominación.

Todos los galardonados, por tanto, han llevado a cabo investigaciones serias y rigurosas, siguiendo el método científico. Lo que puede no parecer tan serio son los temas a tratar. De hecho, las dos preguntas inevitables que surgen cuando se leen las investigaciones premiadas son: ?A quién se le ha ocurrido semejante cosa? y ?Cómo es posible que alguien gaste tiempo y dinero en eso?

Pero si uno lo analiza con más detenimiento se da cuenta que a lo mejor no es tan absurdo. Los premios y la organización tienen un propósito claro y nada tonto: buscar lo inusual, potenciar la creatividad, estimular el interés por la ciencia, la medicina, la tecnología. Y lo hacen del mejor modo posible: a través del humor. Porque, como todos sabemos, la mejor forma de motivar, el mejor estímulo para el aprendizaje, es despertar el interés y hacer las cosas divertidas y estimulantes.



De este modo, con estos premios se logran varios objetivos:

  • Poner de manifiesto la importancia de la innovación y la creatividad en el desarrollo y el aprendizaje constante.
  • Acercar la ciencia y otras disciplinas consideradas difíciles, complejas, aburridas. a los profanos.
  • Hacer reír y pensar (dos de las cosas más complicadas).
  • Y, sobre todo, romper la creencia de que existen preguntas tontas

Veamos algunos de los premios concedidos, por categorías:
  • Veterinaria: Catherine Douglas y Peter Rowlinson de la Newcastle University, Newcastle-Upon-Tyne, UK, por demostrar que las vacas a cuyos duenos han puesto nombres, dan más leche que las vacas sin nombre.
  • Paz: Stephan Bolliger, Steffen Ross, Lars Oesterhelweg, Michael Thali y Beat Kneubuehl de la Universidad de Berna, Suiza, por determinar -experimentalmente- si es mejor ser golpeado en la cabeza por una botella de cerveza llena, o por una vacía.
  • Física: Katherine K. Whitcome de la Universidad de Cincinatti, Estados Unidos, Daniel E. Lieberman de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, y Liza J. Shapiro de la Universidad de Texas, Estados Unidos, por determinar analíticamente por qué las mujeres embarazadas no se caen hacia delante.
  • Medicina: El estadounidense Dan Ariely, por demostrar que los placebos caros son más efectivos que los placebos baratos.
  • Ciencias cognitivas: Toshiyuki Nahkagaki, Hiroyasu Yamada, Ryo Kobayashi, Atsushi Tero y Akio Ishiguro, todos ellos japoneses, y Agota Toth, húngaro, por demostrar que el moho mucilaginoso puede resolver puzzles.
  • Biología: Marie-Christine Cadiergues, Christel Joubert y Michel Franc por demostrar que las pulgas saltan más sobre los perros que sobre los gatos.
  • Química: Los estadounidenses Sheree Umpierre, Joseph Hill y Deborah Anderson, por descubrir que la Coca-Cola es un espermicida efectivo y Los taiwaneses C.Y. Hong, C.C. Shieh, P. Wu y B.N. Chiang, por descubrir justo lo contrario.
  • Arqueología: Astolfo Gomes de Mello Araujo y José Carlos Marcelino por descubrir hasta qué punto los armadillos pueden desordenar los restos en una excavación arqueológica.
  • Economía: Geoffrey Millar, Joshua Tyber y Brent Jordan por descubrir que las ganancias de una bailarina de striptease dependen de su ciclo menstrual.
  • Lingüística: El colombiano Juan Manuel Toro y los espanoles Josep B. Trobalon y Nuria Sebastián Gallés, de la Universidad de Barcelona, realizaron un estudio que demuestra que las ratas a veces no distinguen entre el japonés y el neerlandés cuando las grabaciones de personas hablando esas dos lenguas se ejecutan al revés.
  • Aviación se lo llevaron los argentinos Patricia Agostino, Santiago Plano y Diego Golombek, de la Universidad Nacional de Quilmes, por descubrir que los hámsteres se recuperan mejor del desfase horario (jetlag) si previamente toman Viagra.
  • Química: La japonesa Mayu Yamamoto por su método para extraer esencia de vainilla de los excrementos de la vaca.
  • Biología la holandesa Johanna E.M.H. van Bronswijk por realizar un censo de los ácaros, aranas, crustáceos, bacterias, algas, helechos y hongos que residen en las camas de los seres humanos.
  • Nutrición: Brian Wansink, de la Universidad Cornell, por estudiar el apetito de las personas, al darles un plato de sopa sin fondo cuyo contenido nunca se acababa.
  • Ornitología: Ivan R. Schwab, de la Universidad de California, Davis y Philip R. A. May de la Universidad de California, Los Ángeles por investigar y explicar por qué los pájaros carpinteros no sufren dolor de cabeza.
  • Literatura: Daniel Oppenheimer de la Universidad de Tennessee por su informe "Sobre la consecuencia de usar palabras largas innecesariamente
  • Física: John Mainstone y Thomas Parnell de la Universidad de Queensland, Australia, por su paciencia en atender un experimento comenzado en 1927 sobre la viscosidad del alquitrán negro, en el cual una bola de alquitrán gotea una vez cada nueve anos.
  • Paz: Claire Rind y Peter Simmons de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido, por vigilar la actividad de una célula de cerebro en una langosta mientras dicho animal miraba toques de luz seleccionados de la película "Star Wars".

Estos son sólo algunos ejemplos. La lista es inmensa. Y como creo vale la pena dedicarle un momento de nuestra apretada agenda a reír y pensar, aquí os dejo el enlace en el que podéis ver todos los premiados.


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