Esas pequeñas cosas

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Patricia Lanza
viernes, 04 de noviembre de 2016

 

Dicen que la felicidad son los pequeños momentos. Esto en teoría es muy fácil de decir. En la práctica nos cuesta mucho más pensar en la felicidad en esos términos. Para la mayoría de nosotros la felicidad (si se encuentra) está en los grandes momentos. Por ejemplo: la llegada de las vacaciones y, con ellas, ese viaje que hemos estado planificando durante meses. Pero cuando llega el día, ese momento queda eclipsado por miles de pegas: "Vaya tráfico, no vamos a llegar nunca"; "Mira qué cola para facturar", "Y ahora el avión sale con retraso"; "Pues la habitación es mucho más pequeña de lo que parecía en la foto de la web"....

Así que esa ocasión tan esperada al final no nos hace tan felices como esperábamos y, es más, darnos cuenta de que no sentimos esa felicidad anhelada nos genera aún más frustración y malestar. Pero es que tenemos más facilidad para engancharnos en las pequeñas cosas que nos disgustan que en esas otras que nos hacen felices. Tanto que acabamos generando una atención selectiva hacia lo malo, obviando cualquier momento positivo, que pasa a nuestro lado como de puntillas, sin hacer mella en nosotros.

Una de estas mañanas, paseando por el parque me encontré con unas antiguas conocidas. Yo no soy una experta en ornitología pero sí sé que estas dos aves no son las que habitualmente te encontrarías en un parque. En medio del lago, repleto de patos, pasa el invierno una gaviota. Ahí plantada, con aire de suficiencia, vuelvo a verla en su sitio habitual, controlándolo todo sobre una figura de metal en el centro del lago. Durante el verano desapareció y, la verdad, no había caído en que no estaba. Pero ahora que vuelve el invierno, ella (o él) aparece de nuevo entre los patos (no sé si creyéndose uno de ellos o simplemente porque ha encontrado aquí su pequeño paraíso).

Y cerca de ella, otra ave poco común en esos lares: una especie de garza. También estuvo el invierno pasado y si no fuera porque no se las ve interactuando, se podría pensar que han planificado el viaje juntas. Amigas o no, una "gaviota" y una "garza" en medio de un lago lleno de patos en Madrid no dejan de ser una curiosa imagen.

Y enzarzada en esos pensamientos estaba yo cuando fui consciente de lo afortunada que era de presenciar esa escena. Por estar en ese momento fuera de la vorágine habitual de la gran ciudad, con el ruido, los coches, las muchedumbres, la contaminación... Poder disfrutar de esos minutos de paz a primera hora, especulando sobre la historia de estos dos animales, es todo un lujo.

Y entonces te das cuenta de esas pequeñas cosas. De las famosas pequeñas cosas que son, a fin de cuentas, la verdadera felicidad. Y te percatas de que también es necesario reconocerlo, verbalizarlo, hacer explícito el bienestar que te producen. Porque si no lo haces, se te escapan como agua entre las manos.

Y al hacerlo explícito reparas en que son muchos más los momentos de pequeña felicidad de lo que pensabas. Yo, por ejemplo, recordé otros instantes que me ha dado ese mismo parque: pisar la nieve virgen en una de esas pocas nevadas de Madrid; la vista del cielo entre los árboles convertido en llamas durante un impresionante amanecer; observar el comportamiento de los conejos que se debaten entre la curiosidad y el miedo, y que lo mismo se quedan plantados mirándote pensando Dios sabe qué, que salen corriendo como si les llevara el diablo...

Y todo esto sólo en el parque por el que paseo al perro por las mañanas. ¿Cuántos otros pequeños momentos de felicidad vivo? Seguro que si lo pienso puedo sacar un listado interminable. Pero lo tengo que pensar. Porque si no lo hago me quedo en lo más habitual: la queja, el malestar de los pequeños o grandes disgustos diarios que, evidentemente, también existen. Así que os insto a buscar esas pequeñas cosas, a estar ojo avizor, al quite de esas situaciones para identificarlas, para recrearos en ellas, para dejaros embargar por el placer que os generan y a reconocer que, granito a granito, podéis decir que vuestra felicidad es mucho más grande de lo que parece.

 

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