Los zapatos del hombre afortunado

No por muy citado, menos cierto: "No es más féliz quien más tiene, sino quien menos necesita"

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Nuria Fernández López
martes, 13 de junio de 2017

Y aquí está el ejemplo en forma de cuento.

Este tipo de lecturas, no son más que un incentivo para hacer un alto en el camino, y verificar si lo que buscamos podemos encontrarlo en el lugar de nuestra búsqueda. En muchas ocasiones no encontramos porque estamos buscando en el lugar equivocado, y por mucho que nos empeñemos no por ello nos acercaremos más a nuestro objetivo.

Tal vez seamos como este rey, a quien tenerlo todo no le hacía más feliz, muy repetido, pero aun así persistimos en los mismo tópicos, de seguir buscando y acumulando.

Es cierto que " el tener" en el amplio sentido, nos puede hacer la vida más fácil, pero también es cierto que los que más tienen, siguen buscando....

 

Hace ya mucho, mucho tiempo... en un reino muy, muy lejano... había un rey cuyo poder y riqueza eran  tan enormes como profunda era la tristeza que cada día le acompañaba.

Lo tenía todo y aun así no conseguía ser feliz, siempre sentía que le faltaba algo. Un día, harto de tanto sufrimiento, anunció que entregaría la mitad de su reino a quien consiguiera devolverle la felicidad.

Tras el anuncio, todos los consejeros de la corte comenzaron a buscar una cura. Trajeron a los sabios más prestigiosos, a los magos más famosos, a los mejores curanderos... incluso buscaron a los más divertidos bufones, pero todo fue inútil, nadie sabía cómo hacer feliz a un rey que lo tenía todo.

Cuando, tras muchas semanas, ya todos se habían dado por vencidos, apareció por palacio un viejo sabio que aseguró tener la respuesta:

"Si hay en el reino un hombre completamente feliz, podréis curar al rey. Solo tenéis que encontrar a alguien que, en su día a día, se sienta satisfecho con lo que tiene, que muestre siempre una sonrisa sincera en su rostro, que no tenga envidia por las pertenencias de los demás... Y cuando lo halléis, pedidle sus zapatos y traedlos a palacio.

Una vez aquí, su majestad deberá caminar un día entero con esos zapatos. Os aseguro que a la mañana siguiente se habrá curado".

El rey dio su aprobación y todos los consejeros comenzaron la búsqueda. Pero algo que en un principio parecía fácil, resultó no serlo tanto: pues el hombre que era rico, estaba enfermo; el que tenía buena salud, era pobre; el que tenía dinero y a la vez estaba sano, se quejaba de su pareja, o de sus hijos, o del trabajo... Finalmente se dieron cuenta de que a todos les faltaba algo para ser totalmente felices.

Tras muchos días de búsqueda, llegó un mensajero a palacio para anunciar que, por fin, habían encontrado a un hombre feliz. Se trataba de un humilde campesino que vivía en una de las zonas más pobres y alejadas. El rey, al conocer la noticia, mandó buscar los zapatos de aquel afortunado. Les dijo que a cambio le dieran cualquier cosa que pidiera. Los mensajeros iniciaron un largo viaje y, tras varias semanas, se presentaron de nuevo ante el monarca.

-Bien, decidme, ¿lo habéis conseguido?

¿Habéis localizado al campesino?

-Majestad, tenemos una noticia buena y una mala. La buena es que hemos encontrado al hombre y en verdad que es feliz. Le estuvimos observando y vimos la ilusión en su mirada en cada momento del día. Hablamos con él y nos recibió con una amplia sonrisa y con la alegría reflejada en sus ojos...

-¿Y la mala? -preguntó el rey impaciente.

-Que no tenía zapatos.

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