Opinar sin saber o el efecto Dunning-Kruger

 

 "Cuanto menos sabemos, más creemos saber" o ¿cómo es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia?

 

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Nuria Fernández López
martes, 31 de octubre de 2017

Leía hace poco acerca de un fenómeno que todos hemos podido constatar seguramente en algún momento de nuestras vidas en otros o en nosotros mismos, el llamado efecto Dunning-Kruger, que se resume en: "cuanto menos sabemos, más creemos saber".

El efecto Dunning-Kruger está relacionado con el sesgo cognitivo que establece que "las personas con menos habilidades, capacidades y conocimientos tienden a sobrestimar esas mismas habilidades, capacidades y conocimientos".

Cada vez nos encontramos en mayor media con gente que opina sobre todo lo que escucha aun cuando sus conocimientos para emitir un juicio y mucho menos "sentar cátedra" sobre algo, son en la mayoría de las ocasiones escasos y no pasan de opiniones que se establecen como verdades absolutas. Paradójicamente, suele ser muy difícil rebatir dichos argumentos, ya que suelen partir del axioma de que todos los demás se equivocan, menos uno mismo que es el único que está en posesión de la verdad. Es por ello por lo que las víctimas del efecto Dunning-Kruger "suelen mostrar una gran rigidez de pensamiento y no se limitan a dar una opinión ni a sugerir, sino que intentan imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas, tratando a sus interlocutores como incompetentes o completos ignorantes".

El origen de este fenómeno se sitúa en esta increíble historia ampliamente difundida:

A mediados de 1990 se produjo en la ciudad de Pittsburgh un hecho que podríamos catalogar, cuanto menos, de sorprendente. Un hombre de 44 años atracó dos bancos en pleno día, sin ningún tipo de máscara para cubrir su rostro y proteger su identidad. Obviamente, aquella aventura delictiva tuvo una vida muy corta ya que el hombre fue detenido rápidamente.

Cuando lo apresaron, McArthur Wheeler, que así se llamaba, confesó que se había aplicado zumo de limón en la cara ya que este le haría invisible ante las cámaras. "¡Pero si me puse zumo de limón!", fue su asombrada respuesta cuando lo arrestaron.

Más tarde se conoció que la idea del zumo fue una sugerencia de dos amigos de Wheeler, quienes bromearon sobre el hecho de que atracarían un banco usando esa técnica para que no los reconocieran. Wheeler puso a prueba la idea aplicándose zumo en su cara y sacándose una fotografía, en la cual no apareció su rostro. Es probable que se debiera a un mal encuadre, pero aquella "prueba" fue definitiva para Wheeler, quien decidió llevar adelante su plan "genial".

La historia llegó a oídos del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, quien ante lo increíble de la historia se planteó la siguiente cuestión: ¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia?

Junto a su colega Justin Kruger llevaron a cabo una serie de experimentos en los que pidieron a los participantes que estimaran su grado de competencia en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor, y a continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real.

Los investigadores verificaron algo sorprendente y que dio nombre al efecto Dunning-Kruger: "Cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Paradójicamente, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos".

Según los investigadores el problema de esta percepción irreal se debe a que para hacer algo bien, debemos tener al menos, un mínimo de habilidades y competencias que nos permitan estimar con cierto grado de exactitud nuestro desempeño en esa tarea. Los autores lo ilustran con el siguiente ejemplo:

"una persona puede pensar que canta estupendamente porque no tiene ni idea de música y no conoce todas las habilidades necesarias para controlar adecuadamente el tono y timbre de la voz y llevar el ritmo. Eso hará que diga que "canta como los ángeles", cuando en realidad tiene una voz espantosa". 

Conviene estar muy atentos a este peligroso sesgo cognitivo porque la incompetencia y la falta de autocrítica no solo hará que lleguemos a conclusiones equivocadas, sino que también nos llevará a tomar malas decisiones que pueden terminar en consecuencias desastrosas. En la práctica, el efecto Dunnig-Kruger nos convierte en personas sesgadas, nos cierra al conocimiento y nos tiraniza con un pensamiento rígido, absolutista y carente de autocrítica.

No debemos perder de vista que la humildad y la actitud de aprendizaje, son las mejores estrategias para afrontar las diferentes materias de conocimiento y ámbitos de la vida, ya que todos tenemos carencias y somos ignorantes en muchos aspectos, cuanto más convencidos estemos de lo contrario, más errados estaremos y más distorsionada e impositiva y dogmática será nuestra visión de la realidad.

 

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