Reírse de uno mismo, una buena terapia.

Ya lo decía Groucho Marx: "Jamás pertenecería a un club que me admitiera como socio".

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Nuria Fernández López
martes, 13 de febrero de 2018

Reírse de uno mismo es una manifestación de inteligencia emocional ya que permite liberar emociones negativas a bajo coste.

Aprender a reírse de uno mismo es fundamental para alcanzar y mantener la salud mental. El humor es un síntoma de salud mental, es un indicador de que la persona ha aprendido a reírse de sí misma sin condena hacia sí mismo y los demás. El humor nos hace menos sensibles a las críticas, a las burlas y a las opiniones ajenas. Las personas que se ríen y que sonríen a los demás transmiten energía positiva, y por la ley de la reciprocidad, recibirán lo mismo. Aunque no sencillo lograrlo, si aprendemos a reírnos de nosotros mismos, veremos y valoraremos las distintas circunstancias vitales de una forma totalmente distinta, sin tanto desgaste ni dramatismo emocional.

Ante los retos diarios, el humor es probablemente una de las mejores terapias para hacer frente al día a día y a los problemas que pueden aparecer.

Las investigaciones realizadas en torno a la risa, aunque relativamente recientes, han arrojado la información suficiente para sostener que sus beneficios van mucho más allá de pasar un buen rato. La risa favorece la producción de endorfinas, la segregación de melatonina y serotonina, regula los niveles de cortisol, libera catecolaminas y dopamina, ayuda a la relajación, masajea el vientre y las vías digestivas, los músculos de la cara y abdominales, fortalece el corazón, el diafragma, multiplican por cuatro el intercambio respiratorio, aumenta el riego sanguíneo,  reduce el estrés, mejora el sistema inmune, libera inhibiciones y contribuye a desarrollar una actitud positiva ante la vida.

 

Algunas de las claves que nos pueden ayudar a ejercitarnos en el arte de la risa son:

  • Descubrir las virtudes y reírnos de los defectos. Conocerse a uno mismo es el primer paso para tomarse la vida con más humor.
  • Cuidado con el autojuicio constante. No nos miremos de forma implacable. Fijémonos en nuestro propio autodiálogo para descubrir nuestras propias tiranías. Lo que nos decimos a nosotros mismos es importante, por lo que es hora de darle la vuelta a los pensamientos.
  • Observar con atención. Si observamos con atención, todos los días hay un motivo para una sonrisa.
  • Aceptar que todos cometemos errores. Acaso hay alguien que no haya metido la pata alguna vez en su vida. Seguramente todos nosotros hemos cometido errores una y mil veces, y seguiremos haciéndolo. El secreto está en aprender de esos errores y no torturarse. Somos unos jueces implacables de nosotros mismos. Nos evaluamos con severidad. No aceptamos nuestros errores y nos fustigamos por ellos. Y muchas veces terminamos exigiéndonos más de lo que podemos dar.

Poner en práctica el humor en todos los ámbitos de nuestra vida nos ayudará a aumentar nuestra autoestima y a ver las situaciones, incluso las más difíciles, de manera diferente, y por derivada, a ser capaces de afrontarlas de forma más eficaz y con menor coste emocional.

 

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