Una historia, distintas reflexiones

Nunca hay una sola forma de ver las cosas.

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Patricia Lanza
viernes, 08 de marzo de 2019

 

Empecemos con una historia:

Un día, un grupo de animales decidieron que era muy importante hacer algo para afrontar los problemas del Nuevo Mundo. Así que fundaron una escuela. Decretaron que las materias que deberían enseñar serían: la carrera, la escalada, la natación y el vuelo.

El pato era un nadador excelente, incluso mejor que su formador, pero no pasó de una nota aceptable en el vuelo y muy pobre en la carrera. Como era lento corriendo, empezó a ir a clases particulares y tuvo que abandonar la natación para practicar más la especialidad en la que iba más flojo. Después de cierto tiempo, sus patas finas, elegantes y estilizadas estaban tan gastadas que pasó a ser un nadador medianito.

El conejo era el primero de la clase en las carreras, pero sufrió una fuerte depresión a raíz de intentar mejorar en natación, y no digamos ya en el vuelo.

La ardilla era un escalador magnífico, pero se frustró mucho en las clases de vuelo porque su formador le hacía empezar los ejercicios desde el suelo y no desde los árboles. Sufrió estrés. Al final obtuvo un aprobado justito en escalada y un suspenso en la prueba de correr.

El águila era un alumno problemático. Durante el curso recibió muchas críticas por parte de sus formadores porque en la clase de escalada ganaba a todo el mundo y llegaba siempre la primera a los árboles, pero lo hacía a su manera y nunca escuchaba las observaciones.

Al final del curso, el águila, que podía nadar bastante bien y también corría, pero escalaba y volaba peor, tuvo el honor de pronunciar el discurso de clausura del curso escolar.

Ahora, las conclusiones, que pueden ser muchas. De hecho, es posible que a cada persona que lea esta historia le sugiera algo distinto. Sería interesante que todos los que lo habéis leído nos comentarais qué os ha venido a la mente cuando lo leíais.

Es posible que más de uno haya recordado su infancia. Cuando, en el colegio, algún profesor se empeñaba en que repitiera una y otra vez eso que tan mal le salía. Cuando nadie reparaba en las cosas que sí hacía bien, aquellas cosas en las que podía destacar y, sin embargo, parecía que era un inútil total porque había algo que se le atragantó. Cuando, por una especie de efecto de contagio, todo el mundo le recordaba lo torpe que podía ser porque no lograba X, mientras que se obviaba todo eso otro que sí hacía correctamente, incluso mejor que otros pero que, como por efecto de magia, parecía desaparecer delante de los ojos de los demás.

Otros, quizás, hayan pensado en otra situación más actual. Cuando a la hora de formar un equipo de trabajo da la sensación de que quien debe hacerlo ha escogido a cada persona para el rol que menos le conviene. Y aunque algunas cosas parezcan obvias, a veces esto pasa. Se pone a organizar a la persona más desorganizada de todas, a cargo de las comunicaciones a quien le cuesta un mundo transmitir un mensaje, a crear a quien menos imaginación tiene... y así sucesivamente.

Otras personas seguramente habrán pensado que el zapatero debe dedicarse a sus zapatos, y que no vale la pena esforzarse en hacer algo para lo que, evidentemente, no tenemos ninguna capacidad.

Por el contrario, otras personas más positivas habrán pensado justo lo contrario. Que no debemos centrar los esfuerzos sólo en nuestras fortalezas, sino también en nuestras debilidades. Quizás pensado que la historia está incompleta y, que esto es lo que pasó el primer año, pero que, con un poco de suerte y mucho esfuerzo, los protagonistas irían adquiriendo poco a poco esas destrezas que ahora les faltan. Y que, aunque es posible que nunca destacaran en ellas, al menos serían más competentes y, con ello, más completos. Más que nada porque hay más de un caso conocido en el que si se hubiera hecho caso a ese "visionario" que vaticinó que la persona no valía para nada, el mundo hubiera perdido lo que nos aportaron personas como Albert Einstein, Michael Jordan, Stephen King, Walt Disney o Thomas Edison.

Y como estas, habrá otras tantas moralejas a la historia. Porque como todo en la vida, las cosas se ven muy distintas en función de la perspectiva que se tome. ¿A ti qué te ha sugerido?

 

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