¿Por cuánto vendes tu vida?

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Patricia Lanza
viernes, 05 de abril de 2019

 

Es posible que hayáis visto este vídeo en las redes. Lleva semanas circulando por ellas, con miles de comentarios al respecto. La verdad es que hay poco que añadir. El vídeo lo dice todo. Yo, personalmente, lo he visto varias veces y cada vez que lo veo no puedo evitar que se me pongan los pelos de punta.

 

 

Las ideas, los sentimientos, las reflexiones... que surgen cuando se ve este vídeo son muchas. En mi caso, una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza fue la conocida historia del pescador y el consultor. Os la recuerdo.

Una tarde, un rico empresario pasaba casualmente por una playa paradisíaca. Mientras lo hacía vio un hombre joven sentado en la arena, tomándose una cerveza a la sombra mientras disfrutaba de la compañía de su familia. El hombre de negocios se acercó y le preguntó:

- Hola. Disculpe que le interrumpa, pero he visto que está sentado aquí un día entre semana. ¿Está usted de vacaciones? ¿Quizás esté desempleado?
- Para nada. Soy pescador. Lo que ve allí es mi barco. Esta mañana salí a pescar y ahora estoy disfrutando del resto del día con mi familia.
- Interesante. Supongo que esas aguas son muy generosas en pescados. ¿Es así?
- Efectivamente, en un par de horas consigo lo suficiente para vender el pescado en el mercado y que a mi familia no le falte nada.
- Pero no lo entiendo. Si tan fácil es pescar, ¿por qué no sale usted todo el día?
- ¿Para qué?
- Porque así conseguiría muchos peces, y al cabo de un tiempo podría comprar otro barco y contratar a otro pescador.
- ¿Para qué?
- Porque así ganaría todavía más dinero, y podría comprar más barcos y contratar a más pescadores.
- Ya, lo entiendo, pero ¿para qué?
- Porque así después de muchos años de duro trabajo, probablemente conseguiría una empresa líder en el sector de la pesca. Incluso puede que pudiese cotizar en bolsa, y cuando se jubile, usted tendría una fortuna.
- ¿Y para qué voy a querer eso?
- Porque cuando tenga esa fortuna, usted se podrá retirar en alguna playa, y disfrutar de la vida al sol en compañía de su familia.
- Pero... ¿no es eso lo que estoy haciendo ahora?

 

Esta siempre me ha parecido una historia que muestra de una manera muy irónica pero muy gráfica en qué se ha convertido nuestra vida: un vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir.

Y de aquí, la mente se me fue a otro vídeo que vi hace poco. José Mújica comentando qué significa realmente el consumismo.

 

 

Porque, como él dice, cuando compramos y compramos, lo que estamos despilfarrando no es nuestro dinero, sino nuestra vida. Esa que, como el consultor le comentaba al pescador, ha dejado de ser una vida para vivir, y se ha convertido en una vida para trabajar.

Así que volviendo al vídeo original, no es de extrañar que estemos dispuestos a vender nuestra vida. Somos como la nueva versión de Fausto. Al menos, si se va a vender, que sea por la mayor cantidad posible de dinero. Para así poder comprar cosas muchas cosas que cuesten mucha vida.

 

 

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