Controlar lo irracional no es tarea fácil

"Hoy no he podido dejar de quedarme nuevamente asombrada por la cola a primera hora de la mañana para acceder al aparcamiento de un conocido supermercado".

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Nuria Fernández López
miércoles, 11 de marzo de 2020

Que en los últimos días se han ido produciendo una serie de comportamientos un tanto, digamos, "extraordinarios", no deja de sorprendernos. Pero a pesar de la sorpresa, este tipo de comportamiento forma parte de nuestra naturaleza. El comportamiento humano ante situaciones de emergencias en nada se parece a la conducta ante situaciones cotidianas.

La clave está en que las personas no respondemos solo a los hechos objetivos, sino que experimentamos una vivencia emocional de los mismos. Así, percepción y evaluación se produce paralelamente, generando la vivencia a nivel emocional de la situación por parte de la persona. Los estados emocionales más frecuentes provocados por la excitación característica producida ante una situación de emergencia pueden situarse en un continuo que va desde el miedo - ansiedad - pánico - fobia.

A modo aclaratorio:

  • El miedo sería el temor al peligro concreto, real y objetivo. Del miedo la persona se defiende con medidas racionales, con actuaciones y protocolos específicos.
  • La ansiedad se caracteriza por una vivencia de inquietud y desasosiego que tiene como elemento clave la anticipación de lo peor. Es un temor difuso, vago e inconcreto. La reacción que suele provocar es de una especie de embotamiento confuso que conducirá a manifestaciones de bloqueo, hipocondría, obsesiones.
  • El pánico, cuando la reacción de miedo es extrema, es un miedo desproporcionado, que nos incapacita para evaluar el peligro en forma real y escoger la mejor alternativa para enfrentarlo o huir de él.
  • La fobia es un miedo intenso a algo a lo que la mayoría de las personas no tienen miedo, ya que no supone una amenaza real, o bien la probabilidad de que la situación llegue a ser una amenaza es muy baja.

Lo que es común a todas ellas, es el temor. Así, la amenaza es procesada y vivida produciendo un sentimiento indefinido de inseguridad. Todo ser humano ante una situación de peligro real o imaginaria, responde con miedo. En términos generales podemos decir que sentir miedo es bueno y hasta beneficioso, pero cuando el miedo es desproporcionado y sale de nuestro control nos produce "ceguera psicológica", es decir, nos incapacita para evaluar el peligro en forma real y escoger la mejor y más coherente alternativa de actuación.

Ante este escenario, no anticipado, sino real, un grupo de trabajo del Colegio de Psicólogos de Madrid redacta el siguiente documento con diferentes tipos de recomendaciones.

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