Y como las expectativas nos amargan la vida...

Expectativa: esperanza o posibilidad.

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Nuria Fernández López
jueves, 05 de noviembre de 2020

Una expectativa no es otra cosa que la creencia de que algo saldrá o será de una manera determinada. O dicho de una forma más profana, una expectativa es una trampa mortal.

Las expectativas son las responsables de la mayor parte de los malos tragos, sinsabores, conflictos, desengaños y frustraciones que experimentamos a lo largo de nuestra vida. Nos llevan a creer que lo que esperamos, sin ninguna fundamentación, ni dato objetivo, o partir del análisis subjetivo de los hechos, ocurrirá, cuando comprobamos que no es así, es como si una venda se nos callera de los ojos, al observar cuanto se desvía de lo esperado lo que ocurre realmente. Las expectativas se verbalizan en forma del "esto no me lo esperaba".

Son difíciles de gestionar porque están relacionadas de forma directa con nuestros deseos de cómo deben ser las cosas o de cómo deben comportarse los demás. Son el origen de muchas decepciones a lo largo de nuestra vida y, mal gestionadas o entendidas, pueden acarrear  importantes consecuencias negativas a nivel personal, profesional y en las relaciones en general.

Las expectativas son casi un "pensamiento mágico", al ser una suposición que está enfocada en el futuro, puede ser acertada o no, lamentablemente en la mayoría de las ocasiones no lo son. Se generan desde la anticipación, y cuando no se cumplen, provocan toda una serie de reacciones emocionales. El problema es que esperar que algo suceda, no es garantía de que así sea, de manera que cuando lo esperado no llega, por lo general nos abocan a la frustración, la decepción y el enfado.

Como forma subjetiva de anticipar el futuro conllevan a su vez toda una serie de comportamientos por nuestra parte adaptados a dichas expectativas, entrando en el bucle de la "profecía autocumplida".

 

 

 

La mayor parte de las expectativas que manejamos se relacionan con creencias erróneas que no surgen de ningún otro lugar más que de nuestro propio deseo.

Aunque el problema real no es si esperamos o no que algo ocurra, el problema real es que olvidamos que nuestras expectativas solo reflejan un deseo o una probabilidad de ocurrencia, cuando perdemos de vista esa perspectiva, las expectativas se convierten en una auténtica trampa.

Deshacernos de ellas es complicado, la clave radica en tener muy presente que las expectativas no son hechos, son simples probabilidades, comprender esta diferencia, nos evitará muchas decepciones y frustraciones.

 

"La vida no está obligada a darnos lo que esperamos". Margaret Mitchell

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