Carta perdida a los Reyes Magos

Aunque ya han pasado las fiestas y estamos empachados de celebraciones, regalos, dulces... es posible que algún deseo de principio de año haya quedado aún por pedir.

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Patricia Lanza
viernes, 14 de enero de 2011

Queridos Reyes Magos,

¿Este año he sido buena? Pues no sabría qué decir. Seguro que hay mucho que mejorar y si bien soy de la opinión de que uno debe arrepentirse casi más de lo que no ha hecho que de lo realizado, hay más de una cosa que seguramente cambiaría en mis actos del 2010.

Pero como todo eso ya no tiene remedio y nos han enseñado que por pedir, que no quede, aquí estoy, redactando mis deseos.

 

¿Y qué deseo? Podría pedir un coche nuevo, un pisito en la playa, diamantes y alguna cosita más, pero soy consciente de que la vida está "muy achuchada", y me conformaré con menos. Además, estudios científicos demuestran que las personas materialistas son más infelices.

Así que  había pensado desear grandes cosas, como la paz en el mundo, un plato de comida en la mesa de cada ser humano o que mejore la economía mundial. Eso estaría bien, qué duda cabe, pero ya puestos, me gustaría ser un poco más realista. Porque cuando uno pide "la paz en el mundo", ¿cómo se empieza a conseguir esa paz? Cuando uno pide más solidaridad, más tolerancia, más respeto... ¿De dónde sale todo esto?

Vamos, que analizándolo te das cuenta que, como no podía ser de otro modo, Gandhi tenía razón cuando decía: "Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo". Por lo que he decidido pedir otra cosa este año.

El comienzo de un año suele venir acompañado de bueno propósitos. Pocos o muchos propósitos que, en muy escasas ocasiones, llegan a cuajar en hechos.

Y es que no es fácil cumplir ni siquiera los compromisos que adquirimos con nosotros mismos. Esto me lleva a pediros, queridos Reyes Magos, una sola cosa: la capacidad de comprometerme y llevar a cabo los cambios que me proponga.

 

Porque pedir, se pueden pedir muchas cosas, pero al final todo depende de mí.

Y como esos propósitos, sean más o menos irrelevantes, en el fondo buscan mejorarme a mí y a lo que me rodea, pido: la fuerza de voluntad necesaria para mantener los cambios; la paciencia para entender que todo lleva su tiempo y que las cosas más valiosas no se consiguen de la noche al día; el valor para asumir la incertidumbre de los cambios que vendrán; la fuerza para volver a levantarme cada vez que caiga; la confianza para creer que voy por el buen camino aunque al principio parezca que todo sigue igual, incluso peor; la generosidad propia y de los que me rodean para aceptar que no soy perfecta y cometeré errores; la humildad para pedir perdón...

¡Uy!, creo que al final estoy pidiendo demasiado. Bueno, por pedir...

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