Gestión basada en el desgaste

Hay modelos de gestión que desgastan tanto las relaciones entre las partes implicadas que ponen en peligro el éxito, los resultados y la calidad de los propios proyectos.

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Nuria Fernández López
martes, 08 de enero de 2013

Hay proyectos que por la forma en que se gestionan están abocados al desastre desde su comienzo, incluso cuando los resultados son mejores de lo esperado.

Aunque cada caso es único, en muchos, se vislumbra un desacuerdo desde el principio no manifestado,  que va haciendo mella por encima de los resultados y la rentabilidad de los proyectos.

En proyectos complejos, que implican muchos actores, el rodaje diario se convierte en una verdadera lucha, en la que cada parte se preocupa por salvar sus muebles. En muchas ocasiones resulta costoso descubrir el interés común. Los objetivos generales se pierden en la lucha y defensa de lo particular.

Es por motivos así que proyectos que podrían beneficiarse de la aportación y "saber hacer" de distintas partes, fracasan por la mediocre forma de una gestión sin humildad en las que se reconozca la aportación de otros, incluso por encima de uno mismo. Los proyectos conjuntos no son una competición de personas, departamentos, áreas, empresas, etc, aunque en muchos casos lo parezcan.

A lo largo del año anterior  hemos sido espectadores de esta gestión en varias ocasiones, en las que afortunadamente y en contra de todo pronóstico, los resultados fueron mejores de lo esperable.

Hay quienes siguen manteniendo modelos de gestión de resultados basados en el desgaste diario de las personas que participan en distintos proyectos. La crítica, el cuestionamiento,  la ausencia de feedback positivo, van tejiendo una telaraña de la que es muy difícil salirse, y en la que cuesta mucho implicarse y motivarse.

Ya no es sólo el desgaste emocional de las partes implicadas, sino la cantidad de tiempo que se pierde en solucionar problemas y conflictos que impacta directamente en la rentabilidad, amén de la calidad de los resultados, que aún cuando sean buenos, su calidad sería infinitamente mayor si se hubiese elegido el camino recto.

Por otra parte, una vez que se ha deteriorado una relación, del tipo que sea, colaborador, proveedor, jefe, subordinado, par, etc, retornar al punto de partida es tan complicado como imposible es volver a su estado inicial, algo que se ha roto.

Seguro que habréis leído la fábula de Los clavos:

Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo, que cada vez que perdiera la calma debería clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa.

El primer día el niño clavó 37 clavos en la cerca. Pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día cuando el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre, entonces el padre le sugirió que por cada día que controlara su carácter debería sacar un clavo de la cerca.

Los días pasaron y el joven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca, entonces el padre  llevó de la mano a su hijo a la cerca. - Mira hijo, has hecho bien pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca, ya la cerca nunca será la misma de antes.

Cuando dices o haces cosas con coraje, dejas una cicatriz, como esos agujeros en la cercar, la herida ya quedó hecha. No importa cuántas veces pidas disculpas, la herida está ahí.

Una palabra no reflexionada, un gesto de rechazo, un comentario irónico, una exigencia injustificada, una crítica fuera de juego, una amenaza velada, son todos clavos que dejan una huella difícil de remontar y que complica los pasos siguientes en las relaciones, sea cual sea su naturaleza. No olvidemos, ahora que un nuevo año acaba de comenzar,  el impacto que en la gestión de cualquier tipo de proyectos tiene la voluntad por hacer las cosas fáciles, frente al intento o necesidad de querer decir la última palabra y tener siempre la razón. El menospreciar el trabajo de otros no hace el nuestro mejor. Aprender a trabajar de forma colaborativa, reconociendo los logros de otros, incluso cuando estos pueden hacernos sombra, es un camino por recorrer en muchos modelos de gestión y relación.

 

 

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