La parálisis de la libertad de elección

Cuando debemos tomar una decisión que nos obliga a optar entre múltiples alternativas, sentimos lo que los expertos denominan parálisis de la libertad de elección.

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Nuria Fernández López
lunes, 25 de marzo de 2013

 

Hay un dogma en las sociedades occidentales que implícitamente reza, que si queremos aumentar la satisfacción de las personas, debemos aumentar su posibilidad de elección. De alguna forma se plantea que maximizar la posibilidad de elección, es maximizar el sentimiento de satisfacción.

Sin embargo, esto que seguramente en un momento fue rotundamente cierto, ahora vivimos en un mundo en que la liberad de elección se está convirtiendo más en un camino hacía la frustración que hacia la satisfacción.

Hemos pasado de no tener libertad, a conquistarla y ejercerla al extremo, ante infinitas posibilidades de elección en multitud de ámbitos y aspectos de la vida.

Por un momento pensemos que queremos adquirir cualquier producto o servicio, y comprobaremos el abanico de posibilidades de elección al que tenemos que enfrentarnos: marcas, formas, colores, tamaños, características técnicas, potencias, consumos, componentes, y un larguísimo etc.

La investigación en este campo plantea que la posibilidad de elegir entre tantas opciones no nos hace sentirnos más satisfechos,  al contrario, en muchos casos genera más inseguridad e incertidumbre. 

Hay muchos estudios que demuestran que nos posicionamos con más facilidad cuándo contamos con menos opciones. Nos sentimos más seguros, más tranquilos menos estresados y más dispuestos a elegir y decidir. 

Cuando debemos tomar una decisión en la que tenemos muchas opciones, sentimos una especie de parálisis. Hay estudios que demuestran que tendemos a inhibirnos menos en nuestras decisiones, si tenemos que decidir entre pocas alternativas. Vamos, que es más fácil que nos posicionemos si tenemos cuatro alternativas en lugar de ocho,  aunque aparentemente tener ocho alternativas nos permite más posibilidades, al final nos dificulta más la elección.

Si finalmente superemos esta parálisis y elegimos, la satisfacción con la decisión que hemos tomado será menor que si hubiésemos tenido menos opciones entre las que elegir,  ya que hay una tendencia a dudar de si la elección tomada, era la mejor entre todas las posibles.

Entre las razones que se apuntan para explicar este fenómeno de la parálisis de elección están:

  • Al tener que tomar una decisión entre múltiples posibilidades, siempre nos queda la incertidumbre de si será la mejor opción. En muchas ocasiones una vez hemos optado, lamentamos no haber tomado otra opción. Se produce una especie de remordimiento en la elección, al pensar que otras opciones podrían haber sido mejores. Cuantas más opciones más posibilidad de lamentación.
  • La manera de valorar las cosas varía de acuerdo a lo que comparamos. Cuando comparamos varias opciones, tendemos a valorar más, los aspectos positivos de las opciones que rechazamos. Al tomar una decisión rechazamos otras, que tenían puntos fuertes y aspectos positivos. El pensar en ellos, nos hace valorar como menos atractiva o positiva la opción que hemos tomado. Pensamos más en lo positivo de lo que hemos rechazado, que en lo positivo de lo que hemos elegido, esta tendencia a fijarnos más en los aspectos positivos de lo rechazado, nos hace valorar menos y sentirnos más insatisfechos con la opción elegida.
  • Escala de expectativas. Nuestras expectativas, a cerca de los aspectos ventajosos de la opción final elegida, aumentan con el número de opciones. Nuestras expectativa al elegir entre múltiples opciones,  es que lo que elijamos finalmente ha de ser lo perfecto, lo mejor. Al tener más opciones, aumentamos las expectativas de resultados, y con ello la posibilidad y probabilidad de que no se vean satisfechas.
  • Cuando no tenemos opciones, siempre podemos responsabilizar a otros de nuestra decepción. Cuando tenemos infinidad de opciones la responsabilidad de la opción tomada es únicamente nuestra, y esto añade frustración al hecho de las múltiples posibilidades. Nosotros hemos hecho la elección, y estaba en nuestras manos haber elegido cualquier otra, la responsabilidad es únicamente nuestra, y ello también provoca miedo a equivocarnos. Si sólo majemos dos o tres opciones, nos permitimos la equivocación en mayor medida que si manejamos por ejemplo cinco.

Está claro que la libertad de elección es un gran avance en todas las sociedades, tanto que muchos ciudadanos del mundo luchan por conseguir y poder manifestar su libertad de elección. Pero lo que parece evidenciar los estudios sobre el comportamiento humano, es que hemos llegado  a un punto en el que tanta libertad de elección no nos está produciendo más satisfacción, sino que en muchos casos, y conforme van aumentando las opciones de elección, nos provoca frustración, decepción y parálisis.

 

 

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