Búscate una excusa

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Patricia Lanza
viernes, 26 de julio de 2013

 

Los americanos tienen dicho tan soez como cierto: "Excuses are like assholes, eveybody's got one". Y es que si algo le resulta sencillo al ser humano es buscar una justificación a su comportamiento.

Y como para casi todo, cada uno tenemos nuestro repertorio básico de excusas que aplicamos con facilidad a cualquier situación: para evitar hacer ejercicio, para comer cosas que sabemos que no nos convienen, para levantarnos más tarde, para escaquearnos de las tareas domésticas...

Dicen que querer es poder, pero si uno realmente no quiere, mala cosa. Básicamente las excusas surgen allá donde la motivación no hace acto de presencia. Y, sobre todo, cuando la persona cree en su fuero interno que eso que debería hacer realmente no es tan importante o que ya tendrá tiempo de poner remedio a las consecuencias que pueda generarle.

Porque ya sabemos que la información no cambia conductas. Saber que fumar puede causar cáncer no es, ni mucho menos, algo que pueda impulsar por sí mismo a que alguien deje el tabaco. Se necesita algo más. Frente a algo que no nos conviene pero que nos gusta, algo que no es adecuado pero que es más agradable, se necesita una "excusa" más fuerte.

Instaurar hábitos saludables es un caballo de batalla al que se tienen que enfrentar no sólo las instituciones públicas. Incluso las empresas privadas (por obligación o por conciencia social) están lanzando campañas de todo tipo para promover conductas saludables en la población como incrementar el ejercicio físico o animar a que se siga una dieta más sana.

Una de las cosas básicas que hay que hacer cuando se quiere instaurar una conducta (especialmente si se trata de algo que no cuenta con el impulso de una motivación sólida por parte de la persona) es poner las cosas lo más fáciles posibles.

Al lado de mi casa hay un parque donde el Ayuntamiento instaló unas máquinas de esas para hacer ejercicio. Me llama muchísimo la atención que pases a la hora que pases, siempre hay gente haciendo ejercicio, especialmente personas mayores. Indudablemente, serán personas con cierta motivación, pero lo que está claro es que se ha logrado romper algunas de las excusas más habituales del sedentarismo: "No puedo hacer ejercicio porque el gimnasio es muy caro", "Es que los horarios no me vienen bien", "Me pilla muy lejos de casa"... Desde luego, éste es un entorno agradable donde hacer ejercicio (más que entre cuatro paredes), y el ver a otras personas ejercitándose (personas de todo tipo y condición que nada tienen que ver con el prototipo de cachas de gimnasio), fomenta a que otros se animen.

Pero, como decimos, una de las mejores formas de encontrar la motivación para lo que no se tiene es que aparezca una excusa u obligación aún mayor. Porque, por muy fácil que nos lo pongan, si en el fondo no tenemos intención de cambiar, va a ser imposible

En mi caso, lo he intentado todo con el ejercicio (sin mucho ahínco, la verdad), pero es que reconozco que me aburre. Está claro que desde el punto de vista racional entiendo las ventajas e, incluso, la necesidad de moverme pero también es obvio que estas razones no me resultan suficientes para vencer los inconvenientes. Me he apuntado a gimnasios, he ido a clases, he buscado otras personas para practicar juntas... Todo en vano. Antes o después lo he dejado porque: "no tengo tiempo", "tengo mucho trabajo", "me duele la espalda", "hace calor/frío"... Mi repertorio de excusas es amplio.

Afortunadamente he encontrado una obligación que puede con todas: mi perro. Llueva, nieve, haga frío o calor, me duela un pie o tenga sueño, mi perro tiene que salir a pasear. Varias veces al día, incluso. Además, es un perro con bastante energía, así que no vale con los 5 minutos de rigor. Puede que no sea un deporte de élite, pero caminar entre 40 y 90 minutos al día a un buen ritmo es mejor que nada. Y no hay excusa que valga, que es lo mejor.

Así que ante la pereza, la falta de ganas, los pretextos, disculpas y justificaciones... para hacer algo que sabes que es bueno y necesario, búscate una excusa mayor que te obligue. Y acuérdate: todos somos muy capaces de encontrar una buena excusa. ¿Cuál es la tuya?

 

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