Poca es la mies y muchos los segadores

No es cierto que la mies sea poca y muchos los segadores. La mies es la misma, incluso hay mucha más. Lo que ocurre es que con los medios técnicos que hay no se necesitan tantos segadores. De hecho no se necesita ningún segador. Basta un conductor de cosechadora.

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José Luis Bueno Blanco

A veces intento imaginar una representación de cómo sucedieron las cosas "por aquel entonces...". Me imagino hace mucho mucho tiempo, unos tipos muy polivalentes. En lugar de ganar un salario para intercambiar por productos y servicios necesarios para la supervivencia, accedían directamente a aquéllo que satisfacía sus necesidades más básicas. Agua, comida, ropa, abrigo y seguridad.

Me imagino que cuando el hambre apremiaba, cada uno, o en grupo, saldrían a cazar. Cuando tuvieran sed saldrían en busca de agua. Todo lo que necesitaban era gratuito, lo daba la Tierra. Solamente se necesitaba el esfuerzo de cada uno con sus mejores o peores habilidades. No necesitabas comprar la carne, podías conseguirla cazando. No necesitabas comprar frutas, podías recolectarla. Además podías confeccionar armas, ropa, utensilios y objetos diversos. La materia prima era gratis.

Me imagino que en estas condiciones habría cero paro. Supongo que tampoco habría empleadores. Se estilaba más el autoempleo. Era fácil emprender un negocio. Sin impuestos, sin necesidad de capital para hacerte con materia prima, instalaciones o productos. Tu te lo guisabas tu te lo comías.

Y entonces, con el sedentarismo llegó la propiedad privada. Supongo que los nómadas también practicaban la propiedad privada en tanto que "este lo he cazado yo, es mío". Pero el sedentarismo necesita ampliar el concepto de propiedad privada e introduce la tierra, el ganado, el agua, y todo aquello que se les ocurriera.

Y yo me imagino que a ese poblado llegaría un nuevo individuo y diría: "quiero comer". Pero no podría cazar porque los bosques son de unos, no podría tomar leche porque el ganado sería de otros, no podría recolectar porque la tierra sería de unos diferentes. Y entonces le preguntarían "¿qué nos das a cambio?". Pero él no tendría nada que ofrecer. Solamente su esfuerzo, su trabajo. Y el diría "tengo mis manos para trabajar ¿qué puedo hacer para vosotros?". Y el que cuidaba el ganado le pediría que cuidara del ganado a cambio de un poco de carne. Vendría otro después que quizás eligiera crear algo que la tierra no diera directamente modificando lo que si da la tierra. Por ejemplo, tomaría un tronco y le daría forma de tal manera que sirviera para recoger la leche del ganado y se lo cambiaría al ganadero a cambio de carne con la cual pagaría la madera que había obtenido del bosque que pertenecía a otro individuo que llegó antes que él.

Y así, año tras año, cada vez llegaban más individuos. Todos decían lo mismo: "no tengo nada, solo mi trabajo ¿qué puedo hacer para poder ayudarte a cambio de mi sustento?".

Y si había buenas cosechas el sistema funcionaba ya que había productos básicos para poder intercambiar por otros productos básicos o por algunos menos imprescindibles, pero que reportaban comodidades a unos y trabajo a otros. Y total, el lechero no podía guardar la leche durante mucho tiempo así que antes que se estropeara la intercambiaba por otros servicios aunque no los necesitara tanto. Igual le pasaba al ganadero, al agricultor y al pescadero. Lo que no intercambiaban lo perdían. No lo podían almacenar en el tiempo.

Todo ésto claro hasta que descubrieron las técnicas del salazón, a hacer quesos, embutidos, encurtidos y todo tipo de sistemas que conseguían almacenar esos "bienes" con los que se alimentaban y les ayudaban a conseguir otros bienes diferentes. El intercambio se modificó. Ya no era tan urgente e inmediato. Si no me das lo que quiero ya vendrá otro, mi mercancía puede almacenarse durante una temporada.

Y cuando me imagino que así sucedió lo comparo con lo que hoy estamos viviendo y no paro de hacer hipótesis, de cómo hemos llegado hasta aquí, de cómo solucionarlo, de cómo deberían ser las cosas...

...continuará...

 

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